LA POLÍTICA MONETARIA QUE BUSca obtener una meta de inflación es de inspiración keynesiana, aunque Keynes no la hubiera soslayado claramente.
Comparte con esa escuela la noción de que la política monetaria debe ser contracíclica: expansiva cuando la economía funciona por debajo de su potencial de crecimiento y contractiva si se da el recalentamiento de la actividad económica, manifiesto en el incremento de la inflación.
En Colombia el Banco de la República comenzó a implementar este régimen hacia 1996, después de haber invitado a Ben Bernanke, uno de los teóricos que desarrollaron la propuesta, a un seminario en Cartagena. Hubo que crear y ordenar el mercado interbancario, que es donde la autoridad monetaria fija su tasa de interés que le permite anunciar su postura expansiva o contractiva y lo interviene para que, en efecto, los préstamos de muy corto plazo entre los bancos se transen a la tasa anunciada.
La tasa de interés de referencia del banco central se transmite con rezago al resto de tasas de la economía de manera irregular e incompleta, de tal modo que el sistema no es contundente ni preciso para obtener la meta de inflación que se preanuncia en un horizonte de dos años. Dentro de esas limitaciones el régimen inflación objetivo ha probado ser útil y conveniente, porque permite que los ciclos económicos se suavicen y se puedan prolongar las fases de crecimiento económico.
Para que funcione mejor la política monetaria es indispensable que se coordine con la política fiscal del Gobierno. El gasto público debe reducirse durante las bonanzas y ampliarse en las recesiones. Sin embargo, la administración Uribe fue especialmente voraz durante el auge, contribuyendo a la inflación y a la revaluación del peso y obligando al Banco de la República a endurecer su política más de la cuenta.
Por esa razón la junta directiva del Banco de la República no ha logrado obtener las metas de inflación anunciadas y se le ha dado por cambiarlas para ver si así sí le pega. Es como jugando a que la inflación a fin de año es un blanco móvil, lo que le quita más credibilidad que si simplemente acepta que la meta no se logró y que hacia el futuro buscará cumplirla.
La meta de 2007 y 2008 estaba en 4% y para anunciar una postura más expansiva la junta la subió a 4,5% para 2009. Ahora la inflación tiende hacia 3% y la autoridad monetaria parece inclinarse por aprovechar la ocasión de reducir la inflación de largo plazo. En todo caso no ha querido hacer la expansión monetaria necesaria para lograr la meta.
El Gobierno al mismo tiempo anunció que su déficit fiscal de 2009 será del 4% del PIB y no 3,7% como había proyectado inicialmente, al caer el recaudo sobre la base de un crecimiento menor al ilusionado. El financiamiento será con la emisión de TES por 24 billones de pesos y de deuda externa por 11 billones (5,5 billones de dólares). Ahora es claro que devolver impuestos a las empresas fue una política equivocada.
No es buena idea tampoco financiar la tronera fiscal con dólares que revaluarán la tasa de cambio, lo cual es contractivo y agudizará la recesión. El Banco de la República puede actuar expandiendo la liquidez mediante fuertes compras de TES —algo que el propio Gobierno parece no entender— y reducir su tasa de interés para que se vuelva serio en el cumplimiento de sus metas.
*Decano de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.