El pasado jueves 30 de marzo la Junta del Banco de la República decidió elevar la tasa de interés a la que le presta al sistema financiero de 12,75 % a 13 %. En septiembre de 2021 la tasa era solo de 1,75 % y, a pesar de que fue aumentando paulatinamente, la economía creció 7,5 % en 2022, ímpetu que se trasladó a la inflación que superó el 13 % durante el mismo año. El crecimiento estuvo más concentrado en la inversión privada que en el consumo y en el gasto público. Frente a la pregunta de quién le teme a Gustavo Petro, la respuesta es obvia: los empresarios que enfrentarán onerosas reformas laboral, tributaria, pensional, etc.
La tasa de interés del banco central está todavía por debajo de la inflación, o sea que sigue en terreno negativo; por lo tanto, emite la señal de seguir consumiendo e invirtiendo, cuando se requiere frenar el gasto para reducir la presión inflacionaria. En enero la inflación estuvo casi al mismo nivel del mes siguiente, sugiriendo que había alcanzado su techo y quizá comenzaría su descenso en marzo.
Corficolombiana, a pesar de que antes aseguró la existencia de una dinámica fuerte de la inversión, advierte que “sigue siendo inquietante el rezago de la inversión fija frente a los demás componentes de la demanda, lo cual puede terminar reduciendo el crecimiento potencial de la economía colombiana”.
Los periodistas de Primera Página consideran que “con la decisión de este jueves, la Junta del Emisor llegaría al final del ciclo de apretón monetario (…) lo que implica que empezarían a ceder los precios (…) de manera muy gradual, en lo que resta de este año”. Sin embargo, la Junta del Emisor toma su decisión de acuerdo con información privilegiada que le suministra el DANE sobre cómo marchó la inflación de marzo, información que se publicará solo en la segunda semana de abril.
En Estados Unidos el Banco de la Reserva Federal está frente a una situación de pleno empleo y su última decisión fue elevar su tasa de referencia de 4,75 % a 5 %, de cara a una inflación que para sus estándares es demasiado alta, de 6 % anual, cuando su meta es de 2 %. Al mismo tiempo, la Reserva apretó la oferta monetaria al vender parte de sus títulos de gobierno al público y a las instituciones financieras. El impacto que tiene esta medida sobre el balance de los bancos es desvalorizar sus títulos de deuda (bonos del Gobierno y de empresas) y si acumula demasiados puede devorar una parte o todo su capital.
Precisamente, Estados Unidos enfrenta turbulencia financiera con la quiebra del Silicon Valley Bank (un banco de California que financiaba emprendimientos tecnológicos) causada en parte por el alza de las tasas de interés. Esto fue seguido por problemas en otros dos bancos regionales, el Signature Bank y el First Republic Bank, ambos afectados porque los títulos que poseían también se desvalorizaron por el alza del tipo de interés.
En Europa UBS absorbió al debilitado Credit Suisse Bank que recibió una inyección de capital de su banco central. Para rematar, el Deutsche Bank, un gigante financiero alemán, también tuvo que ser rescatado por las autoridades. Aun así, no se considera que estemos frente a una crisis bancaria generalizada sino una que afecta a varios bancos que está contenida.
En Colombia no se ha detectado un deterioro financiero, pero hay grave riesgo de que el grupo Gilinski alcance una posición dominante en el sistema bancario que le permitiría abusar de los demás.