La economía colombiana se contrajo 7,5 % durante 2020 por efecto del cierre de múltiples sectores y el freno de los que siguieron funcionando. Si en 2019 la economía generó $881 billones de riqueza, el año pasado fue de solo $815 billones. El desempleo subió del 10 % de la fuerza de trabajo al 16 %. La inflación se redujo a un récord histórico del 1,6 %, que para el país equivale a una deflación, reflejo no de una simple recesión sino de algo más grave.
Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO
¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar
En entrevista con La República, el nuevo gerente del Banco de la República insistió en lo contrario: “Las expectativas son que haya una inflación muy baja durante los próximos meses, pero no hay en Colombia expectativas de deflación”. Este es un parte de tranquilidad que los gerente de bancos centrales emiten frecuentemente, pero pueden estar minimizando situaciones más complicadas.
Frente a una situación depresiva, se debe recurrir a políticas económicas expansionistas, tanto fiscales como monetarias. La administración Duque ha respondido con un gasto compensatorio inferior al necesario para traer la economía de vuelta al nivel de empleo previo a la pandemia. Aunque no es estrictamente comparable, Estados Unidos se contrajo 3,5 % en 2020, menos de la mitad que nosotros, al igual que su desempleo, que fue proporcionalmente inferior (6,7 %), gracias a que el gasto público fue más contundente y la política monetaria redujo la tasa de interés interbancaria al 0 %. Para hacer la comparación más cercana a nuestras condiciones peculiares, Chile siguió el ejemplo de bajar su tasa de interés al 0 %, pero Colombia dejó su tasa en 1,75 %, cifra que no parece molestar al nuevo gerente.
Villar agregó que no era conveniente que el Emisor le prestara directamente al Gobierno, algo que nadie le disputa, pero lo que sí hacen todos los bancos centrales del mundo es adquirir bonos del gobierno en suficiente cantidad para financiar un gasto público mayor que contribuya a la recuperación económica y a mantener la liquidez que requiere para que la economía funcione bien. Puede también comprarle bonos en manos de los bancos o el público para irrigar mayor liquidez y que estos agentes adquieran más deuda del Gobierno. Para expandir ese mercado debe reducir su tasa de interés, que influye sobre todas las modalidades de crédito, incluyendo el que pueda captar el Gobierno. Hoy por hoy, el TES (bono a diez años del Gobierno de Colombia) está pagando casi 6 % de interés anual, contra 1,13 % del bono estadounidense y 2,83 % del bono chileno de duración similar.
El plan de reactivación del Gobierno luce impresionante: $109 billones, equivalentes al 13,3 % del PIB, pero tiene varias trampas, pues incluye $55 billones aportados por el sector privado sobre el que no tiene comando, una inversión público-privada por otros $18 billones, más $26 billones privados con incentivo fiscal y solo $9,3 billones exclusivamente públicos. En total para 2021, el gasto público destinado a la reactivación será de $24,9 billones, menos del 3,7 % del PIB, algo que no va a ser suficiente para devolver la economía al nivel que tenía antes de que se nos precipitara la pandemia encima.
El mismo gerente del Emisor tiene dudas para el crecimiento de este año: “La perspectiva que tiene el Banco es un crecimiento del 4,5 % y destacaría que hay gran incertidumbre para abajo y para arriba”. Faltó por considerar qué tipo de reforma tributaría implementará Carrasquilla y cuál será su impacto sobre el crecimiento.