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Globalización y proteccionismo

Salomón Kalmanovitz

23 de enero de 2023 - 12:02 a. m.

Los vientos proteccionistas soplan con fuerza. Estados Unidos fue el campeón de la globalización que vivimos en los últimos 60 años, pero está cambiando de curso desde el gobierno de Trump y más aun con el de Joe Biden. Sienten que no les ha ido suficientemente bien: pasaron de generar el 40 % del PIB global en 1960 al 25 % en 2022, frente al sostenido auge de China que, acompañada por la India y Pakistán, serán las grandes potencias globales dentro de dos décadas.

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Estados Unidos pretende ahora aumentar sus exportaciones de energía verde, carros eléctricos y microcomponentes electrónicos, pero restringirá las exportaciones de maquinaria y bienes intermedios requeridos para producirlos: que los otros no puedan competir en esos mercados. Entramos en un juego de suma cero en el que lo que uno gana, el otro pierde.

El proteccionismo es una política que practican países que pretenden importar poco, pero exportar mucho. Fue utilizada por los que llegaron tardíamente a la industrialización y pretendieron acelerarla. El alemán Friedrich List fue uno de sus ideólogos en el siglo XIX, quien advirtió que podía ser exitosa en desarrollar las fuerzas productivas de un país, pero tenía el costo de restringir la competencia y fomentar los monopolios que tendían al abuso de los consumidores y de otros negocios. Alemania en ese entonces estaba dividida en varios principados que imponían barreras aduaneras a sus vecinos, lo cual fue superado por negociaciones que culminaron en su unificación como la Confederación Germánica.

La idea de proteger lo propio suena bien, pero si todos la practican se estrangula el comercio internacional, que es una avenida de progreso para todos sus participantes. La razón de fondo es que, como lo afirmaba Adam Smith, la especialización que impulsa el comercio es la madre del crecimiento de la productividad y esta, a su vez, es la base de la riqueza de las naciones.

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El presidente Petro cree que Colombia puede ganar y el resto del mundo va a permitirse perder. Él siempre ha sido partidario de que Colombia sea más proteccionista, pero se va a encontrar con la paradoja de que, si todo el mundo se cierra al comercio liderado ahora por Estados Unidos, las exportaciones colombianas distintas a las materias primas también van a caer y nos empobreceremos junto a otros desafortunados países. Lo que sí logrará Petro es que los consumidores colombianos paguen más por sus bienes importados, empezando por el arancel del 40 % que impuso sobre la ropa buena y barata que nos llega de la China y de la India; esa diferencia irá a las arcas del Estado pues es un impuesto encubierto, no decidido por los representantes del pueblo. En efecto, la política comercial en Colombia no la decide el Congreso sino el gobierno sin consultarle a nadie.

Para empeorar las cosas, la ministra de Minas, apoyada por el presidente, insiste en que Colombia no aumentará su producción de petróleo, sacrificándonos en el altar de los puristas del medio ambiente. Seremos pobres, sugiere, pero gente de principios firmes y seguramente el mundo nos reconocerá el enorme sacrificio con creces. Al restringir las exportaciones, cosa que muy pocos gobiernos en el mundo hacen, entrarán menos dólares al país, se devaluará el peso y tendremos más inflación, que es otro impuesto encubierto que deberemos pagar todos. Se trata de una torpeza que llevará al empobrecimiento de 50 millones de colombianos.

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