Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
El Gobierno del Centro Democrático (y de Duque) fue un activista más en la campaña reeleccionista de Donald Trump, puso todos sus huevos en una canasta que se derrumbó y los quebró. Tiró la piedra y escondió la mano al reconocer el triunfo de Biden prontamente, mientras nuestro presidente vitalicio le ofrecía sabios consejos. No fue tan tozudo como el “progresista” Andrés Manuel López Obrador, que sigue sin reconocer el triunfo de Biden. Aun así, el Gobierno colombiano perdió el apoyo fundamental a su errática política internacional contra Venezuela y Cuba, y ahora no sabe exactamente qué hacer frente al coloso del norte.
Biden continuará algunas políticas internacionales de Trump, en especial el endurecimiento frente a China, manteniendo las tarifas a sus importaciones y presionando a sus empresas, pero convocando a los socios de Estados Unidos —Japón, Corea del Sur, Vietnam y la Comunidad Europea— para hacer un frente común más efectivo, que contenga las aspiraciones expansionistas del nuevo gigante asiático. Las consignas cambian, de “Estados Unidos primero” del ultranacionalista Trump al “estamos de vuelta” de Biden en defensa de la globalización, dispuesto a ejercer de nuevo el “poder suave” de Estados Unidos.
Biden espera paciente el desinfle de su iracundo antecesor, que tiene una favorabilidad muy baja y perderá presencia en el escenario político, no importa qué tanto chille e insulte. El nuevo inquilino de la Casa Blanca busca reconstruir consensos, fortalecer sindicatos, aumentar salarios, recomponer el sistema de salud y darle dirección al combate contra la pandemia, que Trump ignoró olímpicamente. Encuentra un panorama social desolador con alto desempleo, una pandemia que se recrudece en invierno y nuevas paralizaciones de la producción.
La política antidrogas de la nueva administración derrumba la estantería de Duque, apoyada por Trump y basada en la aspersión aérea de glifosato sobre las plantaciones de coca y de pancoger. Según un informe de la Comisión de Política de Drogas de la Cámara de Representantes estadounidense, “la aspersión aérea no es efectiva, es mucho más costosa y aleja a las comunidades rurales, que terminan viendo al Estado como ‘un actor opresor que busca matarlos de hambre y empobrecerlos’”. El informe reconoce que el Plan Colombia fue efectivo en la guerra contra la insurgencia, pero un rotundo fracaso en la lucha contra las drogas, pues siguen proliferando el área cultivada y las toneladas de coca que llegan a Estados Unidos, a pesar de haber gastado US$10.000 millones (unos $3,6 billones).
El informe agrega que para Duque es indispensable “luchar contra el narcotráfico y frenar la violencia que crece en las regiones; y les da un espaldarazo a algunos puntos del Acuerdo de Paz que su Gobierno se ha resistido a implementar”. Debe “concentrar los esfuerzos en la destrucción de laboratorios y en confiscar los químicos que se utilizan para preparar la cocaína, pues es más barato y efectivo y menos dañino para las comunidades”, según La Silla Vacía.
El informe concluye que es mejor “construir vías terciarias, reforzar la titulación de tierras, ofrecerles a los campesinos alternativas a los cultivos de uso ilícito y proteger a los líderes sociales y a los excombatientes de las Farc”. En palabras propias, “tenga pa’ que lleve”, dirigidas a la caterva de la extrema derecha colombiana.
Coda. El Gobierno está presionando abusivamente a los codirectores del Banco de la República para que nombren gerente a Carrasquilla, quien debiera declararse impedido. El mejor candidato es, sin duda, Leonardo Villar.
