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1 Aug 2022 - 5:30 a. m.

Impunidad y poder

Ramón Jimeno ha escrito un “libro necesario”, como lo sugiere Ricardo Silva en el prólogo a La impunidad del poder (Penguin, 2022). Se trata de relatar las vidas paralelas del exmagistrado y hoy ministro de Defensa designado Iván Velásquez y del coronel retirado Carlos Alfonso Velásquez.

El relato de la vida del coronel Velásquez parece sacado de las páginas de El padrino, el libro de Mario Puzo, pero en un entorno tropical de terratenientes, militares y paramilitares, de más corrupción e impunidad que en el caso de una democracia madura como Estados Unidos, no obstante también llena de grietas por donde se cuelan los intereses del crimen organizado. Le correspondió a Carlos Velásquez el mando del Bloque de Búsqueda conformado junto con la Policía para combatir los carteles de la droga, función que no se ajustaba a los fines de las operaciones militares, pero que terminaron siendo exitosas con el apoyo provisto por las agencias norteamericanas de inteligencia.

El coronel relata cómo fue dándose una connivencia social entre los oficiales del Ejército y los ganaderos en el Club de Valledupar, eventualmente con algunos de ellos tomando las armas contra la guerrilla, liderados por Jorge Tovar Pupo, alias Jorge 40, para iniciar el paramilitarismo.

El coronel Velásquez mostró su desacuerdo con la guerra sucia que llevaban a cabo las fuerzas armadas asesinando a los dirigentes de la Unión Patriótica. Consideró muy nociva también la política de ofrecer recompensas generosas a los militares que dieran de baja a los guerrilleros, lo que terminó en asesinatos de jóvenes de las ciudades que eran recogidos en masa, trasladados a los teatros de operaciones, vestidos con uniformes y botas nuevas para ser asesinados a sangre fría. La reticencia de Velásquez a participar en este tipo de actividades le acarreó el aislamiento frente a sus comandantes y truncó su carrera militar, impidiendo su promoción a general, que merecía por haberse distinguido en enfrentamientos contra las Farc para despejar la carretera al Llano y otros actos de valor.

La historia de Iván Velásquez corre paralela a la del coronel, pero no en el terreno militar sino en el del combate al crimen en condiciones enrarecidas por la relación simbiótica entre delincuencia y agentes del Estado. El primer caso de Iván Velásquez como procurador de Antioquia tuvo que ver con la Unidad Antiextorsión y Secuestro (UNASE), creada a fines de los años 80 por Ejército, Policía y DAS, que hacía exactamente lo mismo que los criminales que debía combatir. Velásquez y el abogado Guillermo Villa Alzate destituyeron a 150 agentes responsables de secuestros y chantajes.

Iván Velásquez rechazó así mismo las relaciones entre las fuerzas del Estado y la delincuencia, como sucedió con el apoyo provisto por los Pepes (Perseguidos por Pablo Escobar) para dar y liquidar al capo. Sostenía que ello hacía depender la justicia de la ilegalidad y que se siguieran dando alianzas de criminales y funcionarios.

Los enjuiciamientos de políticos asociados a los paramilitares dieron lugar a la condena de más de una docena de ellos, incluyendo a Mario Uribe, primo del presidente, y a Álvaro Araújo, lo que llevó a la renuncia de la entonces canciller María Consuelo Araújo. Álvaro Uribe le hizo varios montajes a Iván Velásquez que lo obligaron a dejar el país. Estuvo en Guatemala nombrado por las Naciones Unidas para investigar la corrupción, lo que hizo con gran rigor e imparcialidad. Gustavo Petro lo nombró su ministro de Defensa.

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