“Colombia está dependiendo cada vez más de costosas importaciones de gas natural licuado, en la medida en que sus reservas descienden. Al mismo tiempo, los meteorólogos están previendo un fenómeno de El Niño especialmente fuerte en el segundo semestre del año que podría reducir la generación hidroeléctrica, aumentando la demanda de energía generada por gas. Se incrementarían así los precios de la electricidad. Los costos crecientes del gas, la inflación y las presiones fiscales, además de la debilitada producción local están creando riesgos significativos para la generación de energía”, según el dictamen que hace la revista Oil Price, en artículo de Matthew Smith.
La creciente dependencia de Colombia en las importaciones de gas natural para generar electricidad es consecuencia del declive de producción doméstica, combinada con reservas cada vez menores del esencial combustible. En abril de 2026, Colombia extrajo 694 millones de pies cúbicos de gas natural diarios, que fue un preocupante 15 % menos que el año anterior. Comparado con la década pasada, es 36 % más bajo, resaltando el agudo descenso de la producción de este vital combustible fósil desde que Colombia era autosuficiente.
El declive se debe en gran medida a la falta de nuevos descubrimientos y una baja de la producción de los campos Chuchupa y Ballena en la cuenca mar adentro de La Guajira. La producción de Chuchupa alcanzó su pico en 2010, tras haber extraído el 90 % de los hidrocarburos disponibles. Este campo alcanzará su límite económico en 2027, mientras que ahora constituye solo 1 % del total de gas producido. La producción del yacimiento de Ballena alcanzó su máximo nivel en 2014 y se espera que continúe generando gas hasta 2039, cuando quedará exhausto.
Estos factores son la causa de la caída de la producción y de la brecha creciente de oferta que empeorará si El Niño llega en la segunda mitad de 2026. Las nuevas revelaciones sobre la caída de las reservas probadas del combustible aumenta el riesgo para una economía tan dependiente. De acuerdo con la agencia de regulación del petróleo, la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), las reservas probadas de gas natural cayeron un 17 % al final de 2025, alcanzando el nivel más bajo en 18 años, y acrecentando los temores de que las reservas de gas probadas continuarán contrayéndose.
Las políticas energéticas miopes de Gustavo Petro e Irene Vélez, focalizadas en reducir la dependencia en los combustibles fósiles, fueron desastrosas para la industria petrolera. En efecto, el primer presidente de izquierda del país redujo la nueva exploración y los contratos de producción, afectando tanto la actividad de perforación como la inversión extranjera. Esta es la razón principal para la ausencia de nuevos descubrimientos en Colombia, que no ha encontrado ningún pozo de talla mundial desde los años noventa.
La decisión del presidente de aumentar frecuentemente los impuestos a las empresas petroleras y prohibir la fracturación hidráulica contribuyó aún más al creciente malestar de esa industria en el país. Tales políticas, particularmente los aumentos de impuestos, condujeron a que muchas empresas de exploración redujeran sus inversiones. Algunas como Exxon decidieron abandonar el país, encontrando mayor oportunidad, seguridad y retornos a la inversión en países como Guyana. La política afectó negativamente la producción y reservas de hidrocarburos en Colombia, afectando los precios del combustible que alimenta las cocinas del país.
Además del impacto negativo causado por las políticas regulatorias y tributarias de Petro, la situación de creciente desorden y violencia conjuran contra la producción petrolera, parte de ella localizada en las regiones más afectadas por bandas criminales. “Los grupos ilegales se han expandido aprovechando las política de Paz total de Petro para expandir sus números y su control territorial”. Se estiman en más de 20.000 los efectivos con que cuentan las varias estructuras armadas ilegales que combinadas con los crecientes cultivos de coca (más de 260.000 hectáreas en 2026) explican el agudo incremento de la violencia en muchas regiones rurales del país.
La dependencia del país en las importaciones de gas cada vez más costoso aumenta los riesgos para una economía de por sí bastante frágil, asolada por problemas estructurales y tormentosos vientos de cola.