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MIENTRAS EN EL MUNDO DESARROllado comienzan a darse evidencias de que la contracción económica se ha detenido y los mercados financieros y accionarios se han estabilizado, en Colombia la economía se contrajo por tercer trimestre consecutivo en 0,5%.
A este resultado contribuyó la disminución del comercio con Venezuela, inducidas por su voluble dictadorzuelo, que ataca a su émulo colombiano perjudicando tanto a ciudadanos venezolanos como a colombianos.
Las exportaciones colombianas a Venezuela se expandieron desde 2003 cuando Chávez decidió hacerle mucho daño a la economía de Estados Unidos, desplazando sus productos por otros colombianos, más caros. Para seguir con sus políticas comerciales basadas en la pasión, ahora Chávez va a substituir las exportaciones colombianas con las de sus amigos de Argentina o Brasil, con costos de transporte mucho más altos. Es que la pasión no es sólo colombiana.
A diferencia de la economía de Estados Unidos, que apenas se percató del boicot venezolano, a Colombia perder US$3.500 millones de exportaciones manufactureras le causa un enorme impacto (cerca de 1,4% de un PIB de unos US$250 mil millones) y a las regiones industrializadas como Santander, Medellín, Bogotá y Cali. En efecto, el deterioro del consumo interno más el de las exportaciones explican que la industria manufacturera hubiera obtenido una caída calamitosa del 10,2% en el segundo trimestre del año, cuando todavía no se había desatado toda la furia chavista contra el país.
El Gobierno colombiano siguió con su política de avestruz al insistir, ¡oh maravilla!, que seguía sin haber recesión, pues la variación trimestre contra trimestre había dado positiva. Lo cierto es que hay mucho de qué preocuparse: además de la industria, los sectores comercio, agropecuario y transportes también obtuvieron caídas. Los que crecieron fueron los sectores de la construcción, por el gasto de inversión de la minería y de las administraciones regionales que pudieron destrabar sus ahorros del año pasado. Esto es algo que el Gobierno Nacional no puede complementar este año (su gasto en servicios sociales aumentó sólo 0,1%) y parece que será peor en 2010, a menos de que pueda vender el 10% de Ecopetrol para financiar las obras públicas que viene anunciando desde agosto de 2002.
La minería aumentó 10,2% pero se trata de un enclave: no tiene grandes efectos sobre el resto de la economía porque buena parte de su valor agregado son ganancias y sueldos elevados que no se gastan en el país. El sector financiero, a su vez, puede tener un impacto positivo sobre la actividad económica si aumenta el crédito que otorga, pero éste se viene deteriorando; el impacto puede ser incluso negativo si aumenta su margen de intermediación pues captura excedentes de los sectores a los que le presta.
Ante esta desoladora situación, la junta del Banco de la República se movió lerdamente en la dirección correcta el pasado 25 de septiembre, al bajar 0,5% su tasa de interés con que le presta al sistema financiero que quedó en 4%. Su meta de inflación es de 5%, pero parece que vamos a tener menos de 3% a diciembre, gracias a que se han suspendido las exportaciones de alimentos, carne en especial, a Venezuela. Todavía puede bajar su tasa otro 1%, lo que ayudaría al abaratar el crédito y debilitar el inmarcesible peso.
