El panorama de la reactivación económica faltando 5 semanas para terminar el año es positivo, aunque con algunas señales de deterioro. La comparación se hace entre un período prepandémico de 2019 y lo que va de 2021 porque el año pasado fue atípico, con la contracción más profunda que ha tenido la economía en su historia moderna. El solo hecho de haber superado lo peor de la pandemia, gracias a la extensión del proceso de vacunación, explica el vigor de la recuperación: la gente pudo salir a trabajar, haciendo repuntar la producción, y también a gastar lo que se había ahorrado durante los encierros.
El consumo de los hogares aumentó, impulsado además por un aumento de las remesas en dólares que hasta septiembre alcanzaban US$6.285 millones, equivalentes a unos $25 billones, más de 2 % del PIB. Exportamos mano de obra desempleada que consigue engancharse en el exterior con salarios 8 o más veces superiores a los nacionales que ayudan a sostener a sus familias en el país.
En el frente externo los ingresos por exportaciones entre enero y septiembre de 2021 cayeron 4,5 % frente a igual período de 2019, debido a que la producción petrolera se contrajo y la cosecha cafetera lo hizo en 13,3 %. Según el DANE, “en septiembre de 2021 se exportaron 11,6 millones de barriles de petróleo crudo, lo que representó una caída de 16,9 % frente a septiembre de 2020”.
El daño no fue mayor debido a que los precios de ambos productos primarios de exportación compensaron sus respectivas contracciones. Lo grave es que no hemos podido diversificar la canasta de lo que exportamos y seguimos sujetos a materias primas cuyos mercados son intrínsecamente volátiles y a un monto de exportaciones que a duras penas supera los US$38.000 millones al año, suma con la que se proyecta culminar este año.
La promesa del candidato Gustavo Petro de suspender la exploración de petróleo al día siguiente de ser posesionado como presidente tendría consecuencias aún más negativas que el propio agotamiento de las reservas del combustible que hemos anotado. Aunque Petro estudió Economía parece haber perdido la materia de comercio internacional colombiano, pues esta le informaría que la mitad de las exportaciones son de petróleo y sus derivados. Su marchitamiento induciría la devaluación del peso, con sus efectos nocivos sobre la inflación y la distribución del ingreso, sin ninguna evidencia a favor de que se diversifiquen las exportaciones del país.
En el frente interno se reduce para el mismo lapso de tiempo el volumen de las edificaciones (-10 %) y las obras civiles (-25 %), a pesar de la doble inauguración que hizo Duque de las obras de La Línea, en las que su gobierno tuvo poco que ver; también cayeron hoteles (-12 %), transporte (-35 %) y vehículos (-3,5 %). Tuvo repunte el comercio al por menor (14 %), gracias al aumento en el gasto de los hogares; cemento y energía rozaron el 4 % y la industria aumentó su producción un 13 %. Las utilidades de los bancos alcanzaron $8,2 billones, con un aumento del 9 %; su negocio consiste en captar al 3 % anual y colocar al 15 % para crédito de consumo o a un promedio del 10 %, surgiendo un margen de intermediación —entre 12 y 7 puntos— que explica sus abultadas utilidades.
Para el año entrante las perspectivas de crecimiento se normalizan y volvemos a los índices del 3,5 % anual, a menos que Petro gane las elecciones.