El Colegio Mayor del Rosario había logrado posicionar su Facultad de Economía como una de las mejores del país, gracias a sus políticas de reclutamiento meritorio, incluido el de varios profesores extranjeros. Además, todos sus integrantes tenían doctorados en universidades de primer nivel, mientras que los estudiantes también eran escogidos entre los que mejor puntaje obtenían en sus pruebas de ingreso. Aunque el nombre de la universidad sugiere una asociación con un objeto del culto católico, su naturaleza era y es hasta el momento laica.
La universidad también se distinguía por la estabilidad que les garantizaba a sus integrantes y por el ambiente liberal que favorecía la investigación, que se materializó en publicaciones reconocidas en el ámbito académico nacional e internacional. Esos logros fueron consolidados durante la decanatura de Carlos Eduardo Sepúlveda, colegial y profesor del Colegio Mayor, que duró más de siete años de paciente labor que han llegado a su fin.
Según José Ignacio López, director ejecutivo de Investigaciones en Corficolombiana, “desafortunadamente, las señales de la nueva dirección de la Facultad de Economía de la Universidad del Rosario parecen sugerir un retroceso de años, si no décadas”. Todos los logros en la consolidación de un grupo de excelencia tanto en investigación como en docencia están en riesgo de perderse tras el nombramiento como decano de Miguel Gómez Martínez. El nuevo decano entró despidiendo arbitrariamente a dos profesores extranjeros que estaban en el proceso de ascenso de categoría, lo que sembró el temor en la comunidad rosarista sobre su futuro pues suspendió los procedimientos de promoción académica, desmoralizando a todo el profesorado. La universidad tendrá que pagar indemnizaciones a ambos académicos en caso de que demanden a la institución. Estudiantes y profesores se han expresado públicamente contra el nombramiento de Gómez Martínez, voces que la administración del plantel ha optado por ignorar.
El mayor mérito de Miguel Gómez es ser nieto de Laureano Gómez, quien incendió el país en “los años sin cuenta” de la Violencia que produjo unas 85.000 muertes y más de 130.000 desplazados, aunque después fue uno de los firmantes del Frente Nacional que redujo la violencia partidista.
Miguel Gómez estudió en el Colegio San Carlos de Bogotá y asistió al Instituto de Estudios Políticos de París, el Sciences Po, donde obtuvo su maestría en Ciencia Política. Fue vicerrector de la Universidad Sergio Arboleda, que como recordé en su momento asumió el nombre de un político conservador defensor de la esclavitud a mediados del siglo XIX. Fuera de ser columnista del periódico de negocios Portafolio, no se le conocen aportes en los campos de la investigación o la docencia, ni ha publicado obra alguna de calidad académica como se espera de un decano que debe administrar tales actividades.
Miguel Gómez tiene abundante experiencia en puestos de gobierno y de gremios: fue vicecontralor de la República, presidente del gremio asegurador (Fasecolda), presidente de Bancoldex, gerente de Asocolflores, presidente de la Cámara de Comercio Colombo-Americana y embajador en Francia nombrado por Álvaro Uribe; también fue asesor económico de Juan Manuel Santos. En fin, Gómez Martínez ha disfrutado de casi todas las mieles burocráticas existentes en el país. Sin embargo, carece del perfil para dirigir una Facultad de Economía y menos una que había logrado alcanzar un gran nivel académico.