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Las inversiones a la brava

Salomón Kalmanovitz

23 de febrero de 2026 - 12:05 a. m.

Los gobiernos populistas tienden a ser autoritarios: no tienen reparo en imponer iniciativas sin considerar los efectos nocivos que pueden causarle a los ciudadanos e instituciones. Así, las inversiones forzosas que pretende implementar Petro obligan a las instituciones financieras a desplazar recursos hacia actividades que él considera loables, pero que resultan onerosas, poco productivas y escasamente rentables para los ahorristas.

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El resultado de estas iniciativas por los gobiernos es el aumento de la represión financiera. “Esta se define como los intentos de forzar la baja de las tasas de interés y canalizar recursos hacia las actividades definidas como prioritarias, ahorrándose costos y aumentando su poder de gasto, aparentemente en forma gratuita. En verdad, actúa como un impuesto oculto que transfiere riqueza de ahorradores e inversionistas del sector privado hacia el gobierno, a menudo mediante inflación y regulaciones arbitrarias” (Asobancaria).

Se trata de una práctica que ha caído en desuso porque conduce a la pérdida de profundidad financiera, espanta la inversión privada y se deteriora la rentabilidad del ahorro del público; incentiva también su desvío hacia la informalidad, donde carece de protección legal. “En la América Latina, solo la Venezuela de Hugo Chávez y Bolivia bajo Evo Morales [lo hicieron]… permitiéndoles dirigir cerca de la mitad del ahorro disponible a las actividades que escogían arbitrariamente”. Las consecuencias para su desarrollo fueron deplorables.

Asobancaria reafirmó que las inversiones forzosas eran una alternativa inconveniente: “no son el mecanismo adecuado para fomentar el crédito ni para atender la emergencia… se trata de una pésima idea, ya que encarecen las tasas de interés, reducen la disponibilidad de recursos y terminan perjudicando a quienes más necesitan financiamiento”.

Tras negociaciones con el gobierno, se produjo un pacto que Petro decidió romper. A pesar de que Asobancaria dijo que habían cumplido con casi el 90 % de las metas acordadas… el presidente salió a decir que lo habían engañado cuando dejaron de hacer inversiones a las que se habían comprometido, aunque los banqueros insistieron que sí habían cumplido. Por eso, el presidente anunció que dirigiría inversiones para fomentar el desarrollo agrícola.

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Petro explicó la ruptura del acuerdo así: la banca “no desplazó los recursos recaudados a la producción agrícola sino al crédito de consumo y sacaron el dinero del país y ahora, incluso, se oponen a que repatriemos esos recursos”. No se sabe cómo el presidente averiguó el destino preciso que tomó la plata que administran los bancos ni si pretende incautar los dineros del público para dirigirlos a sus nobles fines.

El encerramiento de los ahorros en el espacio nacional tiene el efecto de aumentar su oferta y disminuir la tasa de interés que devengan. Es obvio que un sistema de ahorro abierto y profundo garantiza abundancia de recursos, hace converger las tasas de interés a sus niveles internacionales, que tienden a ser menores que las de sistemas reprimidos, dejando de ser un mercado cautivo para los bancos.

Según Asobancaria, “la experiencia internacional es contundente, la mayoría de las economías que adoptaron estos esquemas (forzosos) los desmontaron al constatar sus efectos negativos. Finalmente, aduce que “existen instrumentos más eficaces y menos costosos para canalizar recursos (...) como garantías del redescuento, subsidios focalizados a la tasa de interés y líneas de redescuento”.

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De las emergencias de Petro, se puede decir lo mismo que canta Agustín Lara en su “Noche de Ronda: “que no son buenas, que hacen daño, que dan penas, que se acaba por llorar”.

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