7 Jun 2021 - 3:00 a. m.

Las regalías, la reactivación y el paro

Colombia arde, el Gobierno reprime y la economía sufre sin remedios a la vista.

Las regalías proyectadas por el Gobierno llegan a $29 billones, cifra que los departamentos y los municipios podrían invertir en sus proyectos más necesarios. Esa plata equivale a la que se recogería en dos reformitas tributarias a la colombiana. A junio de 2021 las regalías sumaban $73,4 billones y se habían aprobado gastos de solo $44 billones. El Gobierno pudo haber creado un banco de proyectos y dar lineamientos para que los municipios contrataran sus acueductos y redes de alcantarillado, sus centros de salud y hospitales, adelantaran vías terciarias, construyeran y mantuvieran puentes y dotaran a todas las escuelas de herramientas virtuales. Al mismo tiempo, los departamentos habrían podido reparar y pavimentar sus carreteras secundarias. En caso de haber circulado ese dinero por la acogotada economía colombiana, se habría iniciado una fuerte reactivación, que hoy es cada vez más lejana.

El año pasado se aprobó una nueva ley de regalías que sirve de excusa para no haber creado plataformas de proyectos que surgieran de las regiones, las cuales carecen de personal técnico que los elabore. Por eso era necesario que el Departamento de Planeación Nacional (DNP) desarrollara un banco de proyectos y unas reglamentaciones para tener todo listo. Pero el DNP se politizó y perdió capacidad técnica y ejecutiva para llevar a cabo proyectos de inversión; Duque nombró a un director demasiado joven para una institución que demanda experiencia y un sólido liderazgo.

¿A qué se debe esa enorme ineficacia, acompañada de actitudes arrogantes y displicentes, después de más de 40 días de paro y 60 muertos, cuyo número sigue aumentando? Según Juan Manuel Ospina, el gran cúmulo de errores de Duque obedece “a una enorme inseguridad e inexperiencia, agravadas por el hecho de estar acompañado por el que es, sin duda, el equipo de gobierno más débil e inexperto que ha conocido el país en su larga y accidentada historia”. Muchas posiciones claves no se asignan por méritos, aunque hay funcionarios solventes en salud y hacienda. Muchos de sus colaboradores y el mismo presidente egresaron de la Universidad Sergio Arboleda y nunca se destacaron en ninguna profesión o actividad. Entre ellos, Miguel Ceballos, quien fue negociador en jefe frente al Comité Nacional del Paro a pesar de haber renunciado ya hacía meses, y Francisco Barbosa, cuyo disfraz de fiscal no oculta su desfachatez. Lo que sí se le reconoce al presidente es su manejo del inglés, idioma en el que se dirige a los colombianos como diciéndoles “ustedes ni siquiera me entienden”. Así demuestra su desconexión con el pueblo y su falta de empatía con la gente asolada por la pandemia y con las víctimas de la violencia oficial, a ninguna de cuyos familiares les ha transmitido sus condolencias.

La razón de fondo es que Duque sigue instrucciones de quien lo ungió, Álvaro Uribe, cuya estrategia es mantener bloqueada la sociedad para que los empresarios, las clases medias y la “gente de bien” se desesperen y apoyen al Centro Democrático como partido de la autoridad en las elecciones de 2022. De allí el saboteo a las negociaciones entre el Gobierno, el Comité del Paro y las fuerzas regionales, así como la desidia frente a las regalías proyectadas que, si fueran invertidas en forma productiva, ayudarían a salir de la crisis económica que nos sigue golpeando.

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