Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
EL PESO COLOMBIANO SE DEVALUÓ intensamente esta semana sin evidencia de que el dólar se hubiera fortalecido en el resto del mundo. Sólo en Rusia se devaluó el rublo ante condiciones de creciente inseguridad jurídica.
En Colombia nadie sabe qué va a pasar con la sucesión presidencial; la incertidumbre genera desconfianza y ésta, a su vez, movimientos en los portafolios de individuos y empresas contra el peso. Se cancelan o aplazan inversiones de extranjeros, los locales deciden aumentar sus colchones de seguridad en dólares y el mercado comienza a apostarle a la pérdida de valor de nuestra moneda.
El Gobierno está paralizado. El presidente en campaña juega al gato y al ratón con sus competidores y sigue impulsado por su desmedida ambición por el poder total y permanente, a pesar de que juegan en su contra la situación internacional y la propia recesión. En consecuencia, no se le ocurre concertar su propio gabinete para enfrentar la peor crisis económica que enfrenta al mundo en 80 años y mucho menos hace un llamado multipartidista para lograr acuerdos que permitan sortear de mejor manera lo que se le viene encima al país.
El Ministro del Interior y de la Justicia se cuida, ahora sí, de no obstruir la justicia en público a favor de su hermano, acusado de infiltrar al crimen organizado en la fiscalía. El Ministro de Agricultura birla las reglas contra el abuso en política y hace campaña presidencial descaradamente, financiado por nuestros impuestos. El Ministro de la Protección Social invierte la mayor parte de su tiempo, también con recursos de los contribuyentes, en su defensa contra la acusación de comprar los votos que permitieron la reelección.
El director de Invías deja en interinidad el cargo más importante de la política contracíclica que dice tener el Gobierno, para que no lo acusen de defenderse desde su cargo público de la Procuraduría, que entre otras cosas, pondrá en evidencia su imparcialidad en este caso. No debe sorprender que el Ministro y el Presidente lo apoyen cuando sus faltas replican, en menor escala, las que cometió el primero: cambiar las reglas constitucionales y legales para favorecerse.
La directora de Planeación anunció un programa inverosímil e incoherente de 55 billones de pesos de inversiones que incluía al sector privado minero, como si lo hubiera nacionalizado. La caída abrumadora de precios de las materias primas va a inducir, por el contrario, a que muchas de esa inversiones sean recortadas, aplazadas o canceladas. El aumento del desempleo refleja la pérdida de exportaciones y de inversiones.
La única entidad que no ha logrado destruir el Presidente es el Banco de la República que se comprometió en su junta del 30 de enero con una política monetaria expansiva, de rápidas bajas de su tasa de interés de referencia, 0.5% cada vez. Ello contribuirá a que el sistema financiero esté bien surtido de liquidez, aunque la caída de las exportaciones está incidiendo en la calidad de la deuda de las empresas afectadas y a que los banqueros se vuelvan cautos a la hora de prestarles.
Se rumora, entre tanto, que el presidente va a colocar en el Banco de la República a empresarios porque está aburrido de los economistas y a la propia directora de Planeación que logró restarle el carácter técnico a esa entidad. Si lo hace, Uribe terminará con su tarea de desvanecer en el aire la intervención del Estado, en el momento en que más se necesita.
*Decano de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.
