26 Apr 2021 - 3:00 a. m.

Mazzucato y las vacunas

Mariana Mazzucato dictó una conferencia en la Universidad del Rosario, titulada “Crisis global y creación de valor”, que despertó mucha expectativa, pero ningún interés de la bucólica administración Duque.

La investigadora insiste en que el Estado debe dotarse de capacidad e ingenio para intervenir en áreas estratégicas y liderar la sociedad hacia metas superiores. Su ejemplo favorito es el del Programa Apolo, que emprendió John F. Kennedy en 1961 para la conquista del espacio. De este emprendimiento, en cabeza de la agencia aeroespacial NASA, surgieron más de 20 innovaciones incluyendo los celulares con cámara, la programación digital, el computador portátil, nuevos materiales resistentes, comida para bebés (de las fórmulas para alimentar a los astronautas) y muchos más. Se trató de una iniciativa pública con amplia participación de las universidades y del sector privado.

Junto con dos coautoras, Mazzucato ha planteado en la revista The Economist que la misión que encara la humanidad en estos momentos es derrotar la pandemia. Ellas reconocen que la rápida creación de las vacunas constituye un avance tecnológico asombroso; eso muestra los logros de la capacidad de invención humana cuando se combina la participación del sector privada con un fuerte apoyo público a la investigación básica por medio de subsidios masivos.

Mientras que la existencia de patentes que protegen la propiedad privada de los hallazgos de las empresas farmacéuticas es necesaria para que inviertan en desarrollo e investigación, asegurando su rentabilidad, no debe olvidarse que también el Estado ha invertido cuantiosas sumas que han sido fundamentales en el éxito de los agentes privados.

Las autoras observan que las vacunas le sirven al público solo si son distribuidas equitativamente. Lo que sucede es que la mayor parte de estas se aplican en los países ricos, dejando sin protección a la mayor parte del mundo, eso mina los esfuerzos por contener la pandemia, que volverá a afectar a todos al mutar a virus más mortíferos. La solución es una vacuna para todos los pueblos del mundo, en contraste con la actual escasez, que es artificial y superable. Una suspensión temporal de las patentes de las vacunas contribuiría a movilizar suficiente capacidad de producción para inocular al 60 % de la población este año.

El acaparamiento de las vacunas y de la tecnología por las compañías farmacéuticas genera su escasez. Hay muchas empresas en Canadá, India, Brasil y Argentina (¿y Colombia?) que pueden producir las vacunas si se les provee con el conocimiento guardado bajo llave. “El control monopolista sobre tecnologías imprescindibles para garantizar la salud pública no puede justificarse en una emergencia global”.

Las farmacéuticas han prometido abastecer la demanda, pero han incumplido, incluso en los países ricos. Pfizer ha surtido solo a Estados Unidos y ha enviado pocas unidades al resto del mundo. Dada la intensa competencia por las vacunas, la falta de poder de negociación de los países pobres y la opacidad de los contratos (cláusulas de confidencialidad, que defiende nuestro presidente), las empresas del sector han llegado a cobrar entre US$2 y US$40 por cada dosis, dejando a la mayor parte de los habitantes del globo sin protección.

En Colombia se ha inoculado con dos dosis apenas al 2,4 % de la población, pero se acabaron las vacunas y se ha dejado de aplicar la segunda dosis a muchas personas de la tercera edad.

Comparte: