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¿País de clase media?

Salomón Kalmanovitz

31 de mayo de 2015 - 08:27 p. m.

La riqueza colombiana aumentó más de un 80% entre el año 2000 y el 2014. Se dio una disminución del desempleo después de que la crisis de 1999-2002 nos llevara tener una tasa cercana al 20% de la población activa, disminuyendo al 9.5% en diciembre de 2014.

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Es natural que hubiera aumentado la clase media por el surgimiento de nuevos negocios en la minería, la expansión del sector financiero, de la construcción y de los servicios educativos y del propio Gobierno. Dado que la distribución de la riqueza se deterioró y que 65% de la fuerza de trabajo labora en la informalidad, es difícil  afirmar que nos volvimos un país de clase media, como lo hace un estudio reciente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
 
El trabajo del BID tiene serios problemas de método y coherencia. Su año base es el 2000, en el que todo el continente se había  precipitado a un crisis por la fuga  de capitales de los mercados emergentes, que aumentó  la pobreza en forma desmedida para que disminuyera hasta 2013, gracias al auge de las materias primas. El crédito de esta disminución, sin embargo, se pone en cabeza de los gobiernos de la región. 
 
El estudio se basa en un ingreso diario en dólares de paridad (teniendo en cuenta su poder adquisitivo local) que se altera con la devaluación de las monedas latinoamericanas de más de un tercio desde finales de 2014; aunque refleja la mayor riqueza de la región y el mayor poder adquisitivo de bienes importados, no tiene en cuenta  su vulnerabilidad externa. 
 
Para el BID, las clases se definen así: pobres extremos viven con menos de 2.5 dólares diarios o $6.250; pobres moderados entre  US$2.5 y 4.0; clase vulnerable, entre 4 y 10 dólares diarios; clase media entre 10 y 50 dólares y clase alta con ingresos de más de 50 dólares. Ellos colocarían a quien devenga un salario mínimo (US$ 9,30 diarios) al borde la clase media, aunque se le vaya la mitad en el arriendo de un inquilinato. Intuitivamente uno diría que la clase media vive con US$40 diarios: en apartamentos desde $150 millones, tiene autos nuevos y puede ir a restaurantes que cobran $20.000 por plato un par de veces al mes.
 
Según el BID, la clase media  sería el 55% de la población, dato que abrazó con entusiasmo el Gobierno. Un estudio de Planeación Nacional (DNP) de 2012 dice algo distinto: la clase media es el 27.5% de la población, la mitad del exabrupto del BID. Los estudios más serios, como el del DNP, se basan en encuestas de ingresos y consumo para clasificar la población en estratos.
 
Hay factores que han beneficiado al grueso de los colombianos: un salario mínimo real que aumenta gradualmente año tras año, la baja inflación, programas como Familias en acción y el Sisben garantizan un ingreso mínimo y atención médica primaria. Ayudó también el largo auge de la construcción. Las mejores carreteras comienzan a concretarse y reducen los costos del transporte. El abaratamiento de los electrodomésticos, los celulares y las motos ha permitido su consumo por la mayoría de la población, algo que es menos cierto con la devaluación.
 
Podríamos hablar de logros si el mayor impulso hubiera venido desde el interior de la economía y de buenas políticas públicas. Pero ni uno ni otro: el jalón vino de afuera, con el auge de la demanda por materias primas, y las políticas fueron voraces en materia fiscal pues  redujeron la tributación y aumentaron el gasto público.

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