Panamá celebró su elección presidencial el pasado 5 de mayo. Tuvo como ganador a José Raúl Mulino, asociado al expresidente Ricardo Martinelli, quien se encuentra inhabilitado por una condena de blanqueo de capitales. En Colombia no se discute mucho sobre Panamá y allá tampoco les gusta recordar su pasado colombiano.
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Yo he mantenido un interés por Panamá desde que edité el libro Las cuentas del federalismo colombiano y me correspondió investigar su comportamiento peculiar. Descubrí que el istmo había contado con la más liberal de las dirigencias entre las que conformaron la Colombia federal y que ya en ese entonces era la región más próspera del conflictivo país. El departamento de Panamá renegó de la unión colombiana por el maltrato que sufrió de la Regeneración, porque lo relegaba y explotaba financieramente y, sobre todo, porque fracasó en la tarea de construir el canal interoceánico que era su mayor anhelo nacional.
El Gobierno colombiano en la década de 1880 optó por contratar con empresarios franceses la construcción del canal de Panamá que naufragó en medio de escándalos financieros, problemas sanitarios y de ingeniería. La independencia de Panamá fue impulsada por sus élites conservadoras, apoyadas por el Gobierno norteamericano que tras la separación emprendió la construcción del canal. Este terminó siendo un hito de ingeniería civil, financiado en su integridad con fondos públicos, y fue culminado en 1914.
Panamá renegó no solo de la unión con Colombia, sino que adoptó el dólar como su divisa nacional, lo que le prestó estabilidad macroeconómica y la resguardó de los problemas inflacionarios que azotaron a Colombia durante más de tres décadas del siglo XX y que también ralentizaron su desarrollo. La hiperinflación que se desató durante la guerra de los Mil Días fue el episodio más dramático de política monetaria irresponsable de Miguel Antonio Caro y Rafael Núñez, pero hubo otros periodos en los que el banco central emitió en exceso para financiar al Gobierno o para otorgar crédito privado.
Panamá tuvo serios problemas políticos y dictaduras militares que frenaron su crecimiento durante algunos años, pero no fueron suficientes para impedir su firme desarrollo de largo plazo. Hoy en día Panamá cuenta con un producto por habitante de US$34.000, mientras el correspondiente a Colombia es de US$15.000. Las frecuentes devaluaciones del peso colombiano han incidido en frenar el crecimiento, algo que no preocupa a los dirigentes panameños.
Panamá ha vivido un auge sostenido durante los últimos 40 años “en un contexto de estabilidad política (que) permitió al país reducir la pobreza (de 48 % en 1991 a 13 % el año pasado, según el Banco Mundial) mientras subían el empleo y los salarios reales de los panameños, que tienen uno de los mayores PIB per cápita de la región”, afirma Gerardo Lissardy de la BBC.
Lissardy agrega que “Panamá enfrenta (en 2024) una desaceleración económica, con un crecimiento de 2,5 % del PIB previsto por el FMI para este año (…). El país se sacudió con las protestas sin precedentes de 2022 contra el costo de vida y la desigualdad, y el año pasado contra un contrato para explotar una mina de cobre, que al final fue declarado inconstitucional por la Corte Suprema y a cuyo cierre anunciado atribuyen parte de la desaceleración económica”.
La pregunta contrafactual es: ¿qué le hubiera pasado a Panamá si no se separa de Colombia?
Corrección. En la pasada columna afirmé que la tasa de cambio del peso colombiano se había devaluado 13 %, cuando la cifra fue de 1,3 %. En todo caso, el problema de la economía colombiana es el fortalecimiento del peso que desincentiva la exportación de bienes distintos al petróleo.