Publicidad
24 Jan 2022 - 5:30 a. m.

Panamá tras la pandemia

Estoy en Panamá, en un sitio precioso que se llama Punta Chame, de playas desiertas, bañadas por el océano Pacífico, a unos 150 kilómetros al oeste de la capital. Panamá cuenta con una magnífica infraestructura de autopistas, aeropuertos, puertos y puentes que comunican eficientemente el pequeño país e incluso en este apartado sitio se nota la existencia de una buena organización municipal y de servicios públicos.

Se trata de un país que fuera parte de Colombia hasta 1903, ahuyentado por una clase dirigente que centralizó el país a la brava bajo la Regeneración. Miguel Antonio Caro fue especialmente despótico con los panameños, que fueron explotados fiscalmente y abandonados en materia de gasto. El Estado colombiano fue incapaz de llevar a cabo la construcción del canal interoceánico. Colombia le encargó la obra al francés Ferdinand de Lesseps, quien no pudo lograr el suficiente capital para terminarlo. Los ingenieros franceses creyeron que se podría construir a nivel, lo que fue refutado por los mejor preparados técnicos norteamericanos.

En 1914 se terminó el canal, que fue considerado como la octava maravilla del mundo, y el país quedó convertido en un centro del comercio global y en un territorio hospitalario para inmigrantes de todo el mundo, que complementó con su conversión en centro financiero internacional a partir de los años 70 del siglo XX. Había mantenido un largo auge inmobiliario que se derrumbó en 2020. En 2019 el PIB por habitante de Panamá era de US$15.728, mientras el de Colombia era de solo US$6.730.

El COVID-19 azotó al istmo con especial virulencia. La economía decreció 18 % en 2020 y su recuperación fue incompleta en 2021 cuando alcanzó a crecer un 10 %, o sea que todavía le falta un buen trecho para recuperar su nivel de actividad del año 2019. El Estado panameño es bastante pequeño pues políticas ultraliberales condujeron a su reducción, pasó de comandar el 17 % del PIB en 2015 a solo 12,5 % en 2020, según la CEPAL. Es aparente que su debilitamiento afectó negativamente la respuesta a la emergencia sanitaria. Al mismo tiempo, los gastos para enfrentar la pandemia debieron aumentar al 22 % del PIB y el déficit fiscal fue superior al 9 % del producto. La expansión fiscal se financió con deuda, que fue posible por el amplio acceso al financiamiento multilateral y de mercado. La deuda pública total pasó de 46 % del PIB en 2019 a un preocupante 70 % en 2021, de acuerdo con el Banco Mundial.

El programa de transferencias Panamá Solidario, instituido para mitigar los efectos de la crisis del COVID-19, ayudó a mantener la tasa de pobreza en 15 % de la población, lo cual se compara con el índice de Colombia que llega al 40 % de pobres. Existe en Panamá una legislación protectora del trabajo, el salario mínimo es de US$600 al mes más primas. No obstante, Panamá es una sociedad de gran desigualdad social: ricos muy ricos e informalidad considerable en la que yace el 47 % de la población, que no está protegida efectivamente por la ley.

Ciudad de Panamá es una urbe moderna en la que conviven empresarios retirados de todo el mundo, latinoamericanos que han fugado sus capitales y los han depositado en alguno de sus 160 bancos, protegidos por el secreto financiero que guarda celosamente. El país es un gran paraíso fiscal.

En fin, Panamá hizo bien en separarse de Colombia. Según Adolfo Meisel, si no lo hubiera hecho no tendría canal y sería tan pobre como el Caribe colombiano.

Recibe alertas desde Google News