El presidente Petro sostiene que la situación laboral de la población ha mejorado sustancialmente durante su mandato. Según el mandatario, el empleo ha aumentado gracias a su gestión. Tenemos una nueva reducción del desempleo comparada la cifra con la de hace un año que ya era inferior a la del 2022. En palabras de la directora del DANE: “La tasa de desocupación se ubica para enero de 2024 en 12,7 %. Es un salto estacional que se presenta todos los eneros”. Sin embargo, es un dato muy preocupante que afecta a demasiadas personas.
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Juan Daniel Oviedo, exdirector del DANE, advirtió que la situación no es tan favorable como la pinta el gobierno. “Los niveles que vemos en últimos tiempos, distan aún de los mejores momentos del empleo… Peor aún, desde julio de 2023 se muestra un franco retroceso, tanto a nivel nacional (destrucción de 465 mil puestos de trabajo), como de las principales ciudades (-67 mil puestos). La tasa de ocupación pasó de 58,5 % de la fuerza laboral en febrero de 2023 a 56,7 % un año después o sea ningún logro que mostrar”.
La mayor pérdida de puestos de trabajo se dio en las pequeñas ciudades y en el campo, donde el gobierno dice impulsar una reforma agraria, cuyos alcances no se vislumbran todavía. La primera ministra de Agricultura que nombró Petro fue la veterana y aguerrida Cecilia López, que Petro despidió junto a José Antonio Ocampo por tener perfiles técnicos y no someterse a todo lo que él dictara. Es evidente que el gobierno del Pacto Histórico prefiere la lealtad y la subordinación a la autonomía, sapiencia y efectividad de los funcionarios. La nueva ministra, Jhenifer Mojica Flórez, cuenta con un bajo perfil como funcionaria del Ministerio de Agricultura en labores de restitución de tierras y no se le conocen logros como los de su antecesora.
El pobre crecimiento económico de 2023, de solo 1,4 %, explica que el empleo se haya deteriorado. El gasto público de 2023 fue de $502 billones contra $504 billones del año anterior. Descontando la inflación, hubo un decrecimiento de más del 7 % de ese gasto; por lo tanto, lo que se dio fue un fuerte desestimulo al crecimiento económico por parte del gobierno.
No sorprende que los empresarios anden pesimistas sobre el futuro de la economía y que no tengan confianza en las políticas públicas, cuya retórica en contra suya los preocupa y desalienta. No se entiende cual es la motivación del presidente para estar casando peleas con tantos enemigos imaginarios o reales a la vez. La inversión privada se contrajo un 25 % frente al nivel de hace un año, respondiendo a la pérdida de dinamismo económico, pero no ayudaron las acerbas críticas del mandatario a los encargados de ejecutarla. Los empresarios responden a lo que el economista John Maynard Keynes llamó “espíritus animales”, que son impulsos sociales y emocionales del comportamiento, vinculados a la confianza y a las oportunidades, los cuales influyen en el nivel y el ritmo de la inversión.
La demanda puede incrementarse con un mayor gasto público, pero este recurso parece ausente del cuadro de decisiones del ministro de Hacienda. Le correspondería iniciar gestiones con los bancos y agencias internacionales para obtener el financiamiento requerido y pasar a diseñar, licitar y construir obras. No se ven planes de construir infraestructuras de modernas especificaciones como las carreteras 4G y el metro subterráneo para Bogotá, que ha sido obsesión desde la alcaldía de Petro en la capital, no tiene el visto bueno del alcalde Galán.
Petro presentó un mapa en el que las regiones más desarrolladas obviamente construyen más vías que las atrasadas, pues estas no cuentan con la oferta productiva ni la demanda efectiva que justifiquen sus inversiones. El gobierno las puede construir, pero sin la posibilidad de recuperar el capital. Hacer vías terciarias que comuniquen regiones de escaso desarrollo, como las que se plantean para el Chocó, son socialmente justificadas, pero corren el riesgo de convertirse en nuevos elefantes blancos.