15 Sep 2019 - 7:43 p. m.

Recentralización

Una de las facetas que acompañan el autoritarismo es la centralización de facultades administrativas, políticas y económicas en el poder Ejecutivo, lo que le permite expoliar a sus dependientes. La democracia, por el contrario, permite la iniciativa de poderes alternativos y con ello el florecimiento de las regiones y municipios que comparten los ingresos del centro político, pero también recurren a esfuerzos propios para enfrentar sus mayores carencias; pueden moldear su destino sin tener que mendigarle al leviatán centralista.

Colombia tiene una historia trágica en el establecimiento y la consolidación del centralismo político. Entre 1854 y 1886 pudo desarrollar un sistema federal que fue exitoso económicamente, con base en la libertad de exportar y de cambios, en la banca libre y obtuvo avances democráticos: libertad religiosa, frecuentes elecciones libres, iniciativas fiscales de los Estados soberanos y una reforma educativa progresiva. La reacción conservadora enterró las reformas liberales tras tres guerras civiles, dejando en su lugar la castración de las regiones, una educación confesional, el Estado sometido a la Iglesia y un banco nacional inflacionista, que tuvo que ser clausurado.

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