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A Trump le ha correspondido una Navidad amarga. Los índices bursátiles borraron todas las ganancias que obtuvieron durante 2018 en las últimas tres semanas de diciembre, al ensombrecerse el futuro de la economía. Para aumentar la ira del presidente, la investigación de Mueller sobre sus relaciones con Rusia y sus finanzas ilegales lo está acorralando, mientras el control de los demócratas en la Cámara de Representantes lo asedia y debilita más.
El aumento de las ganancias de la bolsa era su gran carta de mostrar y cuando se convirtieron en pérdidas no asumió la responsabilidad, sino que culpó a la Reserva Federal, amenazando a su presidente con despedirlo, lo cual aumentó la histeria en los mercados. Es otra amenaza a uno de los diques fundamentales al poder del presidente del país que emite la moneda global.
El peligro es que provoque una inflación mundial, si asume la política monetaria de manera poco razonable. Trump es ignorante y se precia de ello: acaba de precipitar la renuncia del último asesor cuerdo con que contaba, que era Jim Mattis, su secretario de Defensa. Éste criticó la decisión de sacar las tropas de Siria, traicionando a los kurdos a favor de Turquía, y el proclamar la derrota del Estados Islámico, que está lejos de serlo. La retirada de Siria y de Afganistán hace prever el control de estas regiones por Rusia (a la que le debe su victoria electoral), Irán y hasta ISIS, mientras sus “triunfos” en la diplomacia para desactivar el arsenal atómico de Corea del Norte no existen.
El estímulo producido por su irresponsable recorte tributario ya está agotado, como lo previeron los economistas serios, incluso con despidos masivos de las empresas beneficiadas. La guerra comercial con China ha despertado temores por todo el planeta de que el energúmeno presidente no sabe cuándo parar. Se han aumentado los costos de producción en EE.UU. y lesionado su agricultura de exportación. Es que en las guerras comerciales no gana el más fuerte, sino que pierden todos.
El avance de la derecha en Europa es otra fuente de preocupación para el futuro del capitalismo. La retirada de Reino Unido de la Comunidad Europea, por motivos deleznables, y celebrada por Trump, puede reducir el tamaño de su economía en un 7 % en una década; se lesionarán su sector financiero y miles de industrias que se alimentan de las cadenas de bienes y servicios que se han construido durante 40 años con Europa. El continente también sufrirá consecuencias negativas por la desafiliación, a la cual puede sumarse Italia, que cuenta con un inestable gobierno de derecha que también quiere irse. Los fascistas avanzan en Francia y también en Alemania, Hungría, Polonia y Rumania.
El problema no es solo el daño al parecer irreparable que está generando Trump en la economía de su país y en la de todo el mundo, sino la incompetencia de su equipo de gobierno para enfrentar tantos problemas que se pueden precipitar en avalancha. Paul Krugman compara la forma como las administraciones de Bush y Obama enfrentaron la crisis financiera de 2008, al contar con personal competente con el cual pudieron trazar una estrategia y tomar las medidas que atemperaron la crisis, con la mediocridad del equipo que ha tenido el señor Trump, del cual ya han renunciado los menos malos. Trump no es capaz de leer informes ejecutivos, pero está convencido de que su instinto y sus rabietas son fuentes de infinita sabiduría.
