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Venezuela en la mala

Salomón Kalmanovitz

06 de julio de 2026 - 12:05 a. m.

El país vecino ha sufrido de malos gobiernos desde que Hugo Chávez fue elegido como presidente en 1999 y permaneció en el poder hasta 2013, año en el que murió. La economía comenzó a deteriorarse bajo sus políticas nacionalistas –mal pensadas y peor ejecutadas– y a los regalos que le hacía a gobiernos amigos y a sus seguidores dentro del país.

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El mandato del heredero de Chávez, Nicolás Maduro –un dirigente de un sindicato de choferes–, continuó afectando negativamente a una economía que siempre fue rentista. Aunque plantada sobre las reservas de petróleo más grandes del mundo, a partir de ese momento se fue reduciendo año tras año. La contracción causada hasta 2025 fue del 80 % del producto nacional y propició la emigración de más de ocho millones de ciudadanos frente a una población que alcanzaba unos 23 millones al inicio del chavismo. Pero si se incluyen el casi millón de colombianos que habían emigrado antes y se regresaron, cerca de un 30 % de la población abandonó el país.

La zona de frontera con Colombia incluye a numerosas comunidades indígenas: “Barí-motilón, Guajiros-wayúu, Hitnu-macaguán, Piaroa-guagua, Puinave-uaipi, Sikuane-guahibo, U’wa-tunebos y Yukpa-yuco, entre otros que se han movilizado de sus territorios ancestrales en dirección a Colombia, Brasil y Guyana por la crisis venezolana”, reza un informe del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario. Estas están especialmente desprotegidas.

Al cataclismo causado por el chavismo, a Venezuela se le sumó el de la naturaleza. Hasta el momento, se calcula en otra pérdida del 6 % adicional de su riqueza, aunque se está lejos de calcular en detalle la magnitud del impacto del doble terremoto del 24 de junio. Este tomó al país por sorpresa y sin ningún tipo de prevenciones del Estado para enfrentar calamidades naturales.

El comercio entre Colombia y Venezuela alcanzó US $2.250 millones en 2014, cayó a US $390 millones en 2021, y en 2025 alcanzó US $1.170 millones, abrumadoramente a favor de Colombia por la crisis que socava la producción del vecino país. Se refleja así una recuperación económica muy parcial de la economía venezolana, donde no están claros los derechos de propiedad de sus nacionales frente al dominio de Estados Unidos.

El gobierno de Venezuela quedó en la interinidad tras el secuestro y extracción de Nicolas Maduro por parte del gobierno de Donald Trump, al que tienen recluido en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, en Nueva York, acusado de narcotráfico y terrorismo, crímenes que no necesita cometer ningún presidente en ejercicio. El poder en Venezuela quedó en manos de Delcy Rodríguez y de su hermano Jorge, además del inefable Diosdado Cabello –o dios regalado–, los tres debiéndole obediencia directa a Donald Trump. El trío se ha puesto a reorganizar en lo posible la producción de petróleo que solía extraer tres millones de barriles diarios y hoy no alcanza a los 800.000, que despachan directamente hacia las refinerías de Estados Unidos, quién sabe bajo qué condiciones.

No se han anunciado posibles salidas a la crisis desatada por la intervención violenta de Estados Unidos en los asuntos internos de Venezuela. Estas medidas deberán incluir el fortalecimiento económico del gobierno, asumir la administración de los recursos naturales del país y organizar elecciones bajo condiciones de libertad de todos los partidos políticos que solían ser parte de la muy imperfecta democracia venezolana.

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