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Vientos de guerra

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Salomón Kalmanovitz
30 de marzo de 2026 - 05:05 a. m.
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El presidente Donald Trump decidió desafiar al régimen iraní al ordenar el asesinato de su líder supremo que representaba, al mismo tiempo, la religión y el Estado. Fue como mandar a matar a un papa cristiano que es, a la vez, líder político de una nación. O sea, cometió un doble e imperdonable crimen y sacrilegio. No previó las consecuencias que se vienen despeñando sobre la economía no solo de Estados Unidos sino del mundo: el cierre hasta ahora parcial del estrecho de Ormuz, controlado por Irán, por donde se transporta una quinta parte de la producción global de petróleo, generando fuertes aumentos de su precio.

En efecto, el valor del barril de petróleo se trepó de US $62 el 27 de febrero a US $111 el 27 de marzo, un aumento del 77 % que bien puede tener como consecuencia una recesión de la economía global, impactando con mayor fuerza a Europa y a los países que no cuentan con fuentes propias de energía, pero también a los Estados Unidos. En el mercado más grande del mundo, el alza del petróleo se trasmite rápidamente al precio de la gasolina y del diésel, pues existe escasa intervención del gobierno en ese crucial mercado.

Trump está buscando a quién culpar de la debacle que es responsabilidad suya. La guerra va de mal en peor, el petróleo alcanzó niveles elevadísimos, el estrecho de Ormuz está cerrado por tiempo indefinido, la bolsa de Nueva York tuvo su peor día en años en la sesión del 26 de febrero, sin que el gobierno tenga una solución a la vista ni plan para enfrentar la crisis. Trump decidió entonces que el culpable de sus desaciertos era Pete Hegseth, su secretario de Guerra, que se ha mostrado incompetente en su trabajo. Trump no fracasó sino que fue su subordinado el que causó la tragedia, el que le falló al presidente que nunca se equivoca.

La última reunión del Banco de la Reserva Federal trascurrió sin novedades, nadie preveía que una crisis se vendría encima de un día para otro, así que no se movió la tasa de interés que continuó en el rango de 3,5 a 3,7 %. Ahora las perspectivas son más sombrías: la inflación se saldrá del rango esperado debido al disparo del precio del petróleo que se contagiará al costo del transporte de mercancías y de personas, vulnerando la capacidad adquisitiva de las familias que dependen del carro particular para transportarse. A eso se suma el aumento de los aranceles, que es un impacto de una sola vez, pero que tardará algunos meses en disiparse, golpeará las finanzas de las familias y alimentará la inflación. Los aranceles no son tan bellos como los pinta Trump; por el contrario, son un pesado tributo que recae sobre todas las familias, afectando con mayor fuerza a las más pobres.

Entre tanto, “Wall Street abrió el 27 de marzo de 2026 con caídas significativas, extendiendo las pérdidas previas, con descensos superiores al 0,5 % en los principales índices como el S&P 500 y el Dow Jones, y el tecnológico Nasdaq también en rojo. Las acciones estadounidenses operan con tendencia bajista, reflejando nerviosismo en el mercado”. (Informa de IA)

Lo que tendrá que hacer la Fed tras estos nuevos desarrollos será aumentar su tasa de interés para anclar las expectativas, pero para hacerlo debe esperar a su próxima reunión, que será el 28 y 29 de abril, lo cual puede ser demasiado tarde para actuar eficazmente.

Entramos en una coyuntura compleja en donde se combinan una guerra que no necesitaba Estados Unidos, inducida en buena medida por los intereses bélicos de Israel, una inflación desatada por la extraordinaria alza del precio del petróleo y una política monetaria restrictiva para conjurar las expectativas desatadas por tales desafueros. Se trata de un gobierno que obró con violencia, desconociendo las consecuencias nocivas que provocaría sobre sí mismo y el resto del mundo.

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