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El reto de gobernar la incertidumbre

Sandra Vilardy

26 de agosto de 2026 - 12:05 a. m.

Han pasado dos semanas desde el terremoto. Junto al dolor, las pérdidas y las enormes vulnerabilidades que quedaron expuestas, hemos presenciado una movilización monumental de solidaridad, completamente conmovedora. Desde muchísimos lugares aparecieron personas, comunidades, empresas, organizaciones e instituciones ofreciendo recursos, alimentos, alojamiento, transporte, conocimiento, tiempo y apoyo. Una parte del sistema colapsó, pero muchas otras comenzaron a unirse para sostenerla. Eso es resiliencia.

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Pero mientras los territorios afectados comienzan una larga y retadora reorganización, otras perturbaciones ya están entrando al sistema. El Niño apenas empieza a manifestarse, los incendios forestales comenzaron con fuerza y los niveles del río Magdalena descienden. Adicionalmente, el dólar ha perdido valor frente al peso en una economía con serias restricciones fiscales y todos estos elementos coinciden durante un cambio de gobierno. Cada situación sería un desafío enorme por separado; el verdadero reto es que ocurrirán simultáneamente y pueden retroalimentarse entre ellas.

Escribo esta columna como un llamado de alerta. No sé exactamente cómo se encadenarán estas perturbaciones ni cuáles serán sus consecuencias más graves. Nadie puede saberlo en un sistema tan complejo. Pero después de muchos años estudiando sistemas socioecológicos y resiliencia, reconozco configuraciones que deberían preocuparnos. Varias perturbaciones a diferentes escalas están coincidiendo, pueden amplificarse entre ellas y reducir nuestra capacidad para responder a la siguiente. Siento una gran responsabilidad como académica y columnista al advertirlo.

Los sistemas complejos atraviesan largos períodos de estabilidad, rápidos momentos de perturbación, colapso y luego, otros largos períodos de reorganización y renovación. El terremoto llevó abruptamente a muchos territorios al colapso. Tenemos memoria de tragedias anteriores, incluso convertida en normas sismorresistentes, pero lo ocurrido volvió a recordarnos que tener memoria no significa necesariamente haber aprendido. Una norma necesita apropiación para convertirse en resiliencia.

Con El Niño estamos en otro momento. La ciencia nos ha permitido anticiparlo y tenemos datos, monitoreo y experiencias anteriores. Los caudales ya disminuyen y los incendios empiezan a poner a prueba capacidades locales y nacionales. Todavía podemos anticiparnos a meses difíciles para la energía, el agua potable, la agricultura, la producción, la navegación y la salud pública. Si sabemos lo que viene, ¿tenemos identificadas las capacidades que nos hacen falta?

Algunos territorios estarán reconstruyéndose mientras enfrentan nuevas y diversas emergencias climáticas. Se requerirán recursos cuando las finanzas públicas tengan poco margen, también se necesitarán simultáneamente capacidades institucionales, técnicas y humanas. La resiliencia se pone realmente a prueba cuando una nueva perturbación llega antes de habernos recuperado de la anterior.

Ningún gobierno puede gestionar sólo semejante superposición de desafíos. Reconocerlo sería una fortaleza. Necesitamos una gobernanza policéntrica, con múltiples nodos nacionales, territoriales, públicos, privados, comunitarios y académicos capaces de actuar, movilizar recursos y conectarse entre ellos. Actuar en red no significa actuar sin dirección, necesitamos que el Gobierno Nacional asuma el papel de director de orquesta, con un tablero que permita observar el conjunto, identificar dónde se acumulan vulnerabilidades, conectar capacidades y anticiparse a nuevas emergencias.

Al gobierno le esperan meses extraordinariamente difíciles. No podemos pedirle que controle la incertidumbre ni que tenga todas las respuestas. Sí podemos pedirle que convoque, escuche, conecte y coordine. El terremoto acaba de mostrarnos que no partimos de cero, la solidaridad hizo visible una enorme red de capacidades, recursos y vínculos. El desafío ahora es fortalecerla y conectarla antes –y no solamente después– de las emergencias. Tenemos memoria, conocimiento y una extraordinaria capacidad para sostenernos. Necesitamos convertirlas en anticipación, adaptación y acción colectiva.

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