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¿Hemos aprendido a cuidarnos?

Sandra Vilardy

12 de agosto de 2026 - 12:05 a. m.
“Hemos aprendido a reducir la vulnerabilidad, pero todavía no hemos logrado que esa protección llegue a todos”: Sandra Vilardy
Foto: EFE - ERNESTO GUZMÁN JR
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El lunes en la mañana nos levantamos con un fuerte movimiento que parecía no terminar. Fueron entre 90 y 120 segundos sintiendo cómo se movía el apartamento, despertar a Mariana, buscar los tenis, tranquilizar a Thiago y esperar que pararan esos interminables segundo para poder evacuar. Bajamos los cinco pisos, estábamos a salvo, pero el miedo se agazapó en el cuerpo y en el alma. Con el paso de las horas, empezamos a dimensionar que, mientras para muchos había sido un enorme susto, para otros comenzaba una tragedia.

Me pude comunicar rápidamente con los amigos de Nuquí, con quienes hace apenas unos días estuvimos viendo ballenas. Me reportaron algunos daños: un muro, una casa de tres pisos, pero nada que lamentar. Pero pasan las horas y, mientras escribo estas líneas, todavía sabemos poco sobre la magnitud de lo ocurrido en muchos pueblos del litoral Pacífico y de la ribera del Atrato. Tampoco hemos logrado comunicarnos con Catalina, una de mis estudiantes más queridas que vive en Cali. María Isabel, otra de nuestras estudiantes de Buenaventura, nos reporta con angustia el nivel de destrucción y de capacidades para enfrentar esta tragedia.

Los desastres tienen esa capacidad brutal de examinarnos cada tanto y mostrarnos al mismo tiempo cuánto hemos aprendido y cuánto nos falta por resolver. Colombia ha aprendido de sus tragedias. El terremoto de enero de 1999 en el Eje Cafetero dejó, además de una profunda herida, aprendizajes que contribuyeron a fortalecer las normas, las capacidades institucionales y nuestra manera de construir frente al riesgo sísmico. Algo de ese aprendizaje seguramente lo estamos viendo esta vez, donde muchas edificaciones resistieron un movimiento extraordinariamente fuerte y prolongado.

Pero en nuestro país atravesado por enormes brechas sociales y económicas, estar protegido también depende de las posibilidades de cada uno. Según el CENAC en el 2023 –divulgada por el Consejo Profesional Nacional de Arquitectura– tres de cada cinco viviendas que aparecen en el mercado colombiano son de origen informal, construidas sin licencia. Hemos aprendido a reducir la vulnerabilidad, pero todavía no hemos logrado que esa protección llegue a todos.

También tendremos que entender qué ocurrió con algunas infraestructuras públicas esenciales. Los daños reportados en hospitales de Cali o en el aeropuerto de Pereira ameritan una revisión rigurosa cuando superemos la emergencia, al igual que las comunicaciones con el Chocó. La vulnerabilidad no solo la medimos con qué tan resistente es un edificio, también depende de poder comunicarse, recibir atención y de que el Estado pueda llegar.

Mientras avanzaban las horas, también vimos movilizarse rápidamente la solidaridad de organizaciones, empresas, universidades y ciudadanos ofreciendo ayuda desde múltiples lugares. Sin duda, hemos aprendido a cuidarnos y acompañarnos.

Al nuevo gobierno lo recibió esta tragedia. Ojalá la respuesta nos convoque como país. Vendrán días para evaluar responsabilidades, revisar infraestructuras y aprender nuevamente. Hoy necesitamos llegar, encontrar, atender y acompañar en los lugares afectados. Esa mañana fue sorpresivo ver en la sala de crisis a funcionarios del gobierno saliente trabajando junto al gobierno que comienza. En medio de una transición política profundamente polarizada, esa imagen nos recuerda que la experiencia acumulada nos pertenece como Estado.

Hoy recordamos nuestras fragilidades y profundas desigualdades, pero también algo que quizás necesitábamos recordar después de tantos meses de divisiones, hemos aprendido mucho y todavía somos capaces de cuidarnos generosa y solidariamente. Estamos listos para la reconstrucción.

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