Publicidad

La crisis del patriarcado y la reorganización del mundo

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Sandra Vilardy
11 de marzo de 2026 - 05:05 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Este año el Día Internacional de la Mujer tiene un contexto especialmente difícil, y no lo digo solo por la brecha de género que sigue existiendo en el Congreso de la República. Lo digo especialmente por la crueldad, la magnitud y la diversidad de las violencias contra mujeres y niñas que se están revelando con una claridad demoledora.

Los conflictos armados han afectado históricamente de manera desproporcionada a mujeres y niños. La semana pasada, los exintegrantes del secretariado de las FARC-EP le contaron al país su responsabilidad por el reclutamiento forzado de 18.677 niñas, niños y adolescentes, y reconocieron también los abusos y violencias que ejercieron sobre ellos. En Gaza, el número de mujeres y niñas asesinadas continúa creciendo en medio de una guerra que golpea con especial dureza a la población civil. Un reciente informe publicado en The Lancet señala que unas 42 mil muertes violentas (56,2 %) corresponden a mujeres, niños y adultos mayores de 64 años. En Irán, un reciente ataque contra una escuela de niñas dejó 168 muertos, según información de la BBC.

La reciente publicación de los archivos relacionados con el caso Epstein ha puesto en evidencia la nauseabunda explotación sistemática de niñas, niños y adolescentes durante años, protegida por depravadas redes de influencia, silencio e impunidad. Los archivos están revelando la magnitud del abuso que ocurre en muchos espacios cercanos al poder económico y político.

Estos hechos, aunque ocurren en contextos distintos, reflejan patrones que tienen raíces profundas. El patriarcado no es solo un sistema de dominación masculina sobre las mujeres: es una cultura que ha privilegiado la idea de que algunos seres humanos pueden concebirse independientes de la naturaleza, del propio cuerpo y de las responsabilidades de cuidado hacia otras personas; pero para que sean viables necesitan personas, territorios y otras formas de vida que son sacrificables. Desde esa lógica se consolidaron instituciones económicas, políticas y laborales que durante siglos invisibilizaron aquello que sostiene la vida: el trabajo de cuidado, los conocimientos comunitarios y la integridad de los ecosistemas que hacen posible el bienestar humano.

Cuando las estructuras se vuelven demasiado rígidas y concentradas en preservar el poder, pierden capacidad de adaptación y comienzan a debilitarse antes de colapsar. La creciente visibilidad de las violencias contra mujeres y niñas puede interpretarse como parte de ese proceso. Sobre las violencias contra la naturaleza ya hemos escrito en varias oportunidades. Nombrar estas violencias permite cuestionar las bases culturales e institucionales que las han sostenido durante siglos. El patriarcado se está resquebrajando y deberá colapsar para dar paso a una nueva etapa de la humanidad.

Los procesos de transformación no son lineales y están llenos de incertidumbres. Mientras se debilitan estructuras históricas de poder, vemos como se producen resistencias y retrocesos; pero también como están emergiendo las nuevas formas de pensarnos y organizar de una manera más viable el mundo.

El cambio climático y la pérdida de biodiversidad se aceleran, aumentando las violencias y desigualdades, y muchas instituciones políticas aún muestran dificultades para responder con la profundidad que exigen estos problemas. En este contexto, el liderazgo de las mujeres adquiere una importancia particular. Por primera vez en la historia existe la posibilidad real, política y económica de participar de manera más central en el diseño de instituciones y políticas públicas que reconozcan el valor del cuidado, la interdependencia social y la relación con la naturaleza.

Conoce más

 

Gvbnllnh. Bvc. Nm. N jn(98086)Hace 1 hora
Dominio sobre las mujeres? Dónde es eso? Necesito que venga un patriarca de esos y amánse la bestia salvaje de mi mujer por fa.
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.