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Carta de un perdedor

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Santiago Bohórquez Garrott
22 de junio de 2026 - 06:00 a. m.
“Soy un perdedor. Además, soy un grano en medio de un desierto de más de 12 millones de perdedores”: Santiago Bohórquez Garrott.
“Soy un perdedor. Además, soy un grano en medio de un desierto de más de 12 millones de perdedores”: Santiago Bohórquez Garrott.
Foto: El Espectador - Gustavo Torrijos
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Soy un perdedor. Además, soy un grano en medio de un desierto de más de 12 millones de perdedores. Nunca este país había conseguido reunir a tantos perdedores. Ahora que el fantasma del retroceso toca a nuestra puerta, hay que reconocer la nobleza de nuestra voluntad; la visión de país diverso, comprometido con sus históricas omisiones y abnegado por la paz.

La victoria del abogado Abelardo de la Espriella causa zozobra en medio país que, a pesar de sus innegables faltas, sintió en el gobierno Petro un respiro tras 200 años de derechas multicolor al mando del Estado. Parte de esta sensación también la abrazó la campaña ganadora, con el eslogan de “los nunca”. A pesar de su tono conciliador una vez conocidos los resultados, la candidatura de Abelardo se sustentó en revanchismo, homofobia, machismo, violencia y altas promesas; el miedo está más que justificado, por la naturaleza maquiavélica de que el fin justifica los medios.

Ahora que las ideas progresistas están en entredicho, enfrentadas por un gobierno cuyo tono de entrada fue el de “destripar”, hay que empezar a hacer las cosas bien. Una vez más, la izquierda está en el sitio al cual está acostumbrado: la oposición. Desde esa trinchera, es fundamental reconciliarse con la autocrítica y la sensatez, porque no solo ganó Abelardo: perdió Petro. Su idealismo caudillista, sus pasos en falso y narcisismo que roza lo tiránico, lograron que un polémico candidato con propuestas antidemocráticas fuera visto por la mayoría de votantes como el defensor de la democracia.

Desde la esquina de la derrota, el progresismo democrático debe renacer con la fuerza de saberse bondadosos ante la desigualdad, y amplios en el entendimiento del diferente. Perdimos, y me incluyo sin ser petrista, porque sé que la humanidad ha recorrido un largo camino para alcanzar instituciones —hoy bajo ataque— que reconocen la dignidad en todos quienes habitamos el planeta.

Esta carta abierta es una invitación a quienes, como yo, reconocen la esperanza más allá del idealismo: no se dejen amilanar ante voces violentas que van en contravía de los tiempos. La democracia da revancha, siempre y cuando se alcance el mérito necesario. Es imperativo derrumbar el pedestal moralista en el que flotan sus líderes y activistas para, desde el Congreso y las comunidades, convencer de que no todo tiempo pasado y arcaico fue mejor.

El progresismo debe jugársela por la paz, rechazar toda corrupción y saber tender la mano cuando los propósitos superan las cuentas dentro de sus trincheras. Habiendo perdido ese faro en el gobierno Petro, corresponde retomar la compostura democrática.

A partir de mañana, hay que jugársela por la gente que necesita la atención que nunca ha recibido. Hoy tocó perder.

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David Valencia Cuellar(0vhxw)Hace 1 hora
Interesante la propuesta de Santiago..
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