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¡Bala es lo que hay!

Santiago Gamboa

19 de marzo de 2021 - 10:00 p. m.

La senadora María Fernanda Cabal y su avatar masculino Christian Garcés acaban de dar otro golpe implacable al desarrollo del intelecto y el espíritu humano. ¿Y cómo se puede superar lo ya hecho por esa noble agrupación política a la que pertenecen? Pues con su nueva y asombrosa propuesta armamentística: ¡que se liberalice el porte de armas en Colombia! Esta idea, que compite con las de Goyeneche —ponerle una marquesina a Bogotá para la lluvia—, muestra cuáles son los verdaderos pilares filosóficos y morales del Centro Democrático, el partido del puño firme en el corazón. Y no es para menos. Recordemos que uno de los golpes mediáticos de su gurú y fundador, Álvaro Uribe, fue posibilitar que los campesinos tuvieran armas para su defensa, originando lo que podemos considerar el más grande aporte del pensamiento panuribista en los años 90: el paramilitarismo nacional. Puedo imaginar que la Cabal y su marido, Lafaurie, el famoso exsuperintendente de Notariado y Registro destituido por corrupto en 2004, tendrán su casa llena de armas, lo mismo que sus fincas y los sótanos de esas fincas, y por lo visto quieren ponerlas a cantar en libertad y a la vista de todos. Y representar ese gran aforismo que un uribista enardecido expresó desde el fondo de su alma: “¡Bala es lo que hay!”. Y bala es lo que quieren darle esta senadora y su faldero Garcés al pueblo colombiano. ¡Para que una mitad del país acabe de matar a la otra! Armas que permitan extensiones urbanas del paramilitarismo, ese viejo sueño de Pachito Santos para Bogotá.

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Si ya el temperamento promedio de nuestro connacional, en su sano juicio, es bastante agresivo en situaciones tensas (eso que en Antioquia se admira y se llama “ser frentero”), ¿cómo serán las nuevas peleas cuando todo el mundo tenga una pistola en la cintura? ¿Cómo se resolverán las riñas callejeras, las peleas de borrachos en los restaurantes, las de conductores en avenidas y carreteras, las peleas domésticas y los feminicidios? Pues a tiros. Que suenen las balas porque bala es lo que hay. Y, claro, cada vez que haya un atraco habrá balacera y muerto, pues si la gente anda con pistola los atracadores se darán por enterados disparando primero.

Acá, que tanto se admira y copia a Estados Unidos, sólo nos faltaba algo así. Que un loquito acalorado o alicorado pueda entrar a un almacén de armas y, con su cédula, salir con un rifle. ¿Se imaginan a los del Clan del Golfo o a los del Eln mercando por interpuesta persona? El gobierno del sub Duque ya anunció que no apoyaba la propuesta, pero lo tendrá que pagar por alguna otra vía, pues si el presidente ya tiene el abominable trabajo extra de ser técnico de sonido de Uribe, le toca también ser el desminador y bombero de las ideas más incendiarias de sus copartidarios, caso de la desparpajada Cabal. Ahora bien, sabiendo que las leyes de los centrodemócratas siempre tienen nombre propio, ¿qué habrá o quién estará detrás de esto? ¿Será que la Cabal está negociando y a punto de obtener la franquicia de ArmaLite, Barrett Firearms o alguna otra fábrica de armas de EE. UU.? Porque cualquier negocio que tenga que ver con la muerte, en Colombia, resulta ser el mejor negocio del mundo. Y este, dirán ellos, no se puede dejar pasar.

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