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El tonto contemporáneo

Santiago Gamboa

08 de julio de 2016 - 03:15 p. m.

Uno de los mejores premios de los que he tenido noticia fue el que un grupo de intelectuales, por iniciativa del periodista Luis Carandell, creó en España a finales de los años 70, con el nombre de “El tonto contemporáneo”.

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Era un reconocimiento anual a quien, por regularidad o por un hecho especialmente significativo, destacara en eso que se ha dado en llamar Estutología, que es la ciencia de los tontos. Un ejemplo en la Italia de hoy sería el futbolista Zazá, por su ridículo penalti contra Alemania a base de saltitos bobos. Algo así.

A pesar de que usamos esa palabra con frecuencia, ¿sabemos con exactitud qué es un tonto? El escritor español Antonio Burgos nos ofrece una muy interesante clasificación: “tontolaba, tonto de cojones, tonto del carajo, tonto contemporáneo, tonto de remate, tonto de solemnidad”, y uno creado por él: “tonto con balcón a la calle”, a lo que podríamos agregar, siempre en el mismo esquema, “tonto con vista al mar”. Curioso que la RAE, en su diccionario, no sea muy profusa en detalles: “Persona falta o escasa de entendimiento o de razón”, y luego da una serie de acepciones.

En nuestro país hay, por supuesto, una riquísima y muy amplia variedad de tontos, con presencia, creo, en todas las áreas. Tontos en la política, en la administración del Estado, en el Gobierno y los municipios, en la farándula y en la cultura, en el mundo científico y en los deportes. ¿Quién, de entre esa inmensa fronda, podría merecer hoy el reconocimiento de “tonto contemporáneo”? Teniendo en cuenta que lo más importante en el país es el proceso de paz, los actos de tontería de mayor calado tienen que ver con él, y ahí el procurador Ordóñez se convierte en un excelente candidato. Creyéndose muy avispado, ¿no se da cuenta el funcionario de que en la fragata del uribismo él va sentado encima del mascarón de proa, que es lo primero que va a reventar cuando ese barco se estrelle? ¿No nota que Uribe, gran estratega del parqués, lo tiene por fuera del seguro para que los rivales se lo traguen al primer golpe de dados? Al hacer acusaciones tan evidentes, y críticas que se vuelven tontas por lo obvias, ¿no comprende que está sirviendo de globo sonda? ¿No percibe que ya casi es el Pacho Santos II? Él se ve en el sillón presidencial y por eso lo hace, pues cree que los aplausos que oye son de verdad, sin darse cuenta de que están pregrabados, pero llegado el momento el jefe le pedirá salir con el cinturón de explosivos a inmolarse, en términos políticos. ¿No lo ve venir? Ahora quiere hacer suya la idea de que los frentes de la guerrilla que no se desmovilicen deben ser atacados por el Estado. ¿Y qué pensó que iba a hacer el Ejército si no? Bueno, él quiere que se haga desde ahora con la esperanza de que eso dañe el proceso de paz e imagina que nadie le lee la segunda intención. Pero, además, ¿no se da cuenta de que él es igual a esos frentes rebeldes de las Farc que pide que ataquen, sólo que del lado del Estado?

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No hay duda. En lo que va corrido del año el premio al tonto contemporáneo se lo lleva el procurador, sobre todo por no hacer caso a las sabias palabras del gran filósofo Emergencio: “Cuando todo el mundo corre en dirección contraria, frena en seco y vuelve a mirar el mapa”.

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