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14 May 2022 - 5:30 a. m.

La casa de todos

El filósofo Henry David Thoreau escribió que todo viaje hacia el futuro era un viaje de oriente a occidente, siguiendo la línea del sol, y que ese viaje debía internarnos en la naturaleza. Porque en ese lugar reside la verdadera e imperecedera raíz de lo humano en simbiosis con todo lo que está vivo: la tierra, las plantas, los animales de todo tipo, los arroyos. Es ahí, en la naturaleza, donde el hombre encuentra su profunda verdad, a lo que Carl Sagan agregó una dimensión universal, pues “el calcio de nuestros dientes, el nitrógeno del ADN humano y el hierro de la sangre” provienen de las estrellas colapsadas durante el Big Bang de hace 13.800 millones de años. Es decir que, en cuanto que materia, no sólo formamos parte de la naturaleza, sino de todo el universo.

De esto se habló recientemente en Medellín en el festival Actuar por lo Vivo, organizado por Comfama, la editorial francesa Actes Sud y la organización Comuna, también francesa, bajo la sencilla idea de difundir y crear conciencia ambiental, que no es otra cosa que la responsabilidad ante la casa común que es la naturaleza, y esto desde la ciencia, la economía, el arte, la cultura en general, la comunidad, los medios de comunicación, la universidad, los museos, la filosofía, las empresas y el sector público. En medio de las charlas oí ideas originales e innovadoras. Quisiera compartir algunas de ellas.

Uno de los conceptos más interesantes fue el de “biomimetismo”, lo que nos enseña la observación de la naturaleza y cómo esto ha sido un modelo para la alta tecnología (los modernos sistemas GPS provienen del modo de ubicarse de las hormigas; el nado sinuoso de las anguilas aprovechando las corrientes permitió crear tipos efectivos de hélice para barcos, etc.). O la idea de la “regeneración”, fundamental en los bosques. Como el ser humano cuando se despierta cada mañana. Nos levantamos con energía renovada, pero conservando todo lo que en el día anterior se sumó a la experiencia, a la vida. La pensadora y agrónoma Isabelle Delannoy llama esto “economía simbiótica” y dice que es fundamental para resolver la crisis ecológica actual. ¿De dónde proviene esa crisis? Del deseo del hombre de matar su lado salvaje, presente en la cultura desde la Epopeya de Gilgamesh. Se debe utilizar la naturaleza, pero respetando sus ciclos. Porque la clave de la regeneración es la colaboración, no la competencia. Los ecosistemas son colaborativos. Lo que una planta hace para sobrevivir les sirve a las de su entorno. Ejemplo de esto es la sombra, el procesamiento de sulfitos, la producción de agua. Las plantas que hacen esto para sí lo hacen para el entorno. Hay interdependencia. Cada una aporta algo y así no se necesitan elementos externos. Si esto no se respeta, la tierra se agota, entonces es necesario ponerle químicos, nutrientes sintéticos. Pero si el ecosistema es natural no necesita agentes externos y además regula el clima. Los árboles y las plantas regulan el clima. Por eso la deforestación produce cambio climático.

La clave es la interdependencia. La bioeconomía es esto: usar el ejemplo del ecosistema para crear una sociedad más colaborativa y justa. Por eso un jardín debe tener plantas medicinales, plantas nutritivas, plantas ornamentales y plantas sagradas.

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