Tras la victoria de Gustavo Petro, la cual celebré con un delicioso viche del Pacífico, algo en mi subconsciente continuó agitado y sin duda por eso tuve el más extraño y exótico de los sueños. En él, el ingeniero Rodolfo ganaba las elecciones con un 95 % del escrutinio y el restante 5 % era en blanco. Menos un voto, sólo uno: mi voto. Entonces los servicios secretos del nuevo régimen anunciaron en Semana y RCN la inmediata búsqueda y captura de esa única persona que había votado por Petro (pues, al parecer, en mi sueño, ni siquiera Petro había votado por Petro, lo que podría indicar fraude). Me sentí heroico, valiente, y...
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