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1923

Santiago Gamboa

03 de marzo de 2023 - 09:05 p. m.

Un año excepcional para la literatura y relevante porque ahora será el centenario de los nacidos en esa fecha y la cifra redonda bien vale un recuerdo o al menos un leve repaso. Hay más, en lo personal, y es que en 1923 nacieron algunos de mis autores favoritos en diferentes lenguas. Del inglés, V. S. Naipaul. Del italiano, Italo Calvino. Del francés, Jorge Semprún (que era hispanofrancés, pero escribía en francés), y en español, Álvaro Mutis. Hay otros autores notables, como la sudafricana Nadine Gordimer, a quien he leído menos. Cabe destacar que de este grupo sólo dos obtuvieron el Nobel, los de lengua inglesa (Gordimer y Naipaul), confirmando una vez más la ventaja de ese idioma sobre los demás en todos los escenarios.

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Con frecuencia me hago una pregunta: ¿cómo eligen sus temas los escritores que admiro? Y otra: ¿cómo es la relación entre esos temas y su tiempo o su entorno? Si tomo el caso de Naipaul lo veo bastante claro. Él escribe de lo que podrían ser sus “zonas oscuras”: el hecho de haber nacido en una isla caribeña, Trinidad, en una cultura lejana y trasplantada (indios de la India en el Caribe), en convivencia con otras comunidades igual de desarraigadas: africanos de pasado esclavista y comunidad inglesa perdida en el trópico. Así, los temas de la literatura de Naipaul están regidos por esa extraña sensación de no tener una cultura ligada al lugar. “Los que habíamos nacido allí estábamos extrañamente desnudos”, escribe, y cita a Conrad: “Una tierra sin recuerdos, pesares ni esperanzas, una tierra donde nada podía sobrevivir a la llegada de la noche y donde cada amanecer (…) estaba desconectado del ayer y del mañana”. Con la escritura intentó reparar esos vacíos. ¿Sus temas? El Caribe, Inglaterra, la India y África. Es decir, la vida de su isla solitaria, referida a culturas que vivían lejos.

El caso de Calvino es casi contrario, aunque llega a conclusiones parecidas. Nació por accidente en Cuba (no lejos de Trinidad), pero vivió en Italia desde los dos años, así que su sentimiento de pertenencia fue contrario al de Naipaul: ser de una de las culturas más sólidas y universales del planeta, aparentemente sin zonas oscuras. ¿Y de qué escribió Calvino? Su característica fue la libertad absoluta, claro, pero ahí está también la necesidad de ir a su pasado: Marco Polo y Kublai Kan en Las ciudades invisibles, fábulas medievales en El barón rampante y El vizconde demediado, sus recopilaciones de fábulas y cuentos populares italianos. Y también la libertad de hacer libros-objeto, como Si una noche de invierno un viajero. La libertad creativa es también un modo de indagar en su propia cultura y reconocer su entorno. No iluminar lo oscuro, como Naipaul, pero sí validarlo y actualizarlo con su creación.

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No sé si Álvaro Mutis sintió también que las imágenes de su infancia se referían a una “tierra sin recuerdos, pesares y esperanzas”. Si Naipaul provenía de una cultura trasplantada a la periferia y Calvino del centro, Mutis le perteneció a la experiencia poscolonial. Su libertad consistió en adoptar las metáforas del conquistador y del rey de España, de la cultura Europea y universal que llegó a América en barcos, como su Maqroll el Gaviero. Pero se me acabó el espacio. Seguiré dándole vueltas a este tema.

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