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¿Un pacto de clase?

Santiago Gamboa

11 de junio de 2022 - 12:30 a. m.

Quienes leen esta columna saben que mi voto será por Gustavo Petro. Mi aspiración de una Colombia plenamente educada, de una sociedad que conozca e interprete su pasado y su presente, así como los del mundo, y que desde ahí pueda avizorar su destino, me parece lo más urgente, un proceso que debe comenzar cuanto antes. La educación es lo que hace la diferencia entre países, sobre todo la educación pública, pues elimina esas barreras sociales que la privada se encarga de fortalecer y perpetuar. Porque la educación en Colombia, hoy, es el primer factor diferenciador de clase y por eso mismo es profundamente antidemocrática. Hay una educación buena y cara (la privada), una buena y barata pero insuficiente (la pública), y una muy mala y muy barata (la de garaje) en la que caen la gran mayoría de los jóvenes. Convertirse en una sociedad educada, regida por el conocimiento, sacará al país del subdesarrollo. Como dice mi compañero Mario Mendoza: ningún país progresó comprando armas sino construyendo universidades y bibliotecas.

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Eso era Fajardo y eso es Petro, por eso los apoyé y por eso siempre quise verlos unidos. Pero Fajardo, de un modo incomprensible, prefirió acercarse al ingeniero Rodolfo, quien no lo recibió. ¿Por qué no haber ido con quien tenía más afinidades en su programa? Lo mismo ocurrió con el Nuevo Liberalismo, ¿cómo pueden preferir a Rodolfo? Incomprensible que personas tan estructuradas como Fajardo y Galán estén dispuestos a compartir el mismo espacio político con figurines como la Cabal, José Obdulio o el propio Uribe, con tal de no ir con Petro. No lo comprendo. Pero me pasa lo mismo con muchos conocidos, que repiten: “Petro es un peligro para la democracia”, “Petro fue un pésimo alcalde, mira lo de las basuras”, “Petro, el de las bolsas”. Saben que Petro no es un peligro para la democracia pues es quien mejor representa la institucionalidad (casi 20 años en el Congreso y una alcaldía); lo de las basuras fue un sabotaje del contratista que perdió el contrato, como reveló El Espectador, y lo de las bolsas fue desestimado por la Corte Suprema. Quienes repiten eso ¿no leen? ¿No saben o se hacen los que no saben? Creo que es lo segundo: fingen no saber. Prefieren repetir una falsedad con tal de no decir que les cae mal o lo que probablemente piensan, que es: “Petro no es como nosotros, no pertenece a nuestro círculo ni clase social”.

Esta situación ya se vivió otras veces en Colombia. En 1957, por ejemplo, cuando el directorio liberal prefirió pactar con los conservadores, sus enemigos, con tal de contener a los ejércitos liberales de Guadalupe Salcedo, quien además fue asesinado. Hubo un pacto de clase contra Guadalupe, pues muy por encima de las diferencias políticas, para liberales y conservadores, estaba la supervivencia del sistema, que no es el Estado democrático sino el Estado oligárquico que se vale de la democracia. En el rechazo ciego y sin fundamento a Petro de hoy sospecho que hay esa misma solidaridad de clase, por encima de las ideas. Sé que el ingeniero Rodolfo no viene de la aristocracia, pero es un empresario rico y eso basta. “Es uno de los nuestros”, dirán tal vez, pues es eso lo único que tienen en común las personas que lo apoyan: una clase social a la que deben proteger. Como en 1957.

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