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A defender la modernidad

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Santiago Montenegro
11 de octubre de 2021 - 04:59 a. m.
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Isaiah Berlin argumentó que el pensamiento de Occidente desde la Antigüedad hasta la Ilustración estuvo en general regido por la creencia de que “la verdad es única y el error es múltiple”. La verdad estaba dada por la naturaleza, por Dios o por un racionalismo que aceptaba que, de pronto, los humanos no habían descubierto aún todas las grandes verdades del mundo, pero que tarde o temprano serían encontradas. Esa creencia se acentuó con los grandes descubrimientos científicos y, en particular, la ley de gravitación universal de Newton, que hizo creer a los filósofos que los fenómenos sociales y políticos podrían también llegar a plantearse con la misma precisión matemática de las leyes de la naturaleza.

Esa concepción de siglos comenzó a derrumbarse por varias razones, pero una de las más importantes fue el creciente clamor por tolerancia después de siglos de violencia generada por las luchas religiosas e incluso por la ansiedad y el miedo que creó la época del terror de la misma Revolución francesa, que tantas esperanzas había suscitado entre los seguidores de la Ilustración. Gradualmente, la creencia en la verdad inmutable y definitiva comenzó a ser reemplazada por una nueva actitud que ponderó la deliberación, la crítica y la aceptación de la crítica como medios para alcanzar acuerdos no solo sobre las leyes de la naturaleza sino también sobre las normas e instituciones que debían regir la sociedad, un principio que, ya en el siglo XX, Karl Popper definió así: “La verdad nunca es definitiva y el error es siempre probable”. De esa nueva concepción del mundo y de la sociedad nacieron la autonomía y la libertad individual, la igualdad ante la ley, el respeto de los derechos fundamentales, la democracia representativa liberal y la economía de mercado, valores que conforman lo que llegó a ser definido como la modernidad.

En una brillante columna de El Espectador, el académico Carlos Granés argumenta que la modernidad está en crisis por culpa del cambio climático y sostiene que sus enemigos son los grupos conservadores que quieren regresar a la Colonia, a las verdades inmutables dadas por Dios, y los llamados “decolonialistas”, los que quieren ir aún más atrás en la historia, no a la Colonia sino a las culturas ancestrales y precolombinas. Mientras muchos analistas utilizan los conceptos de “capitalismo” o de “neoliberalismo”, yo encuentro muy estimulante que Carlos Granés utilice la modernidad como categoría de análisis y estoy también de acuerdo en que está bajo un fuerte ataque, pero no creo que sus grandes enemigos sean solo los sectores conservadores que sueñan con el mundo colonial o sectores del multiculturalismo que plantean un regreso a la naturaleza ancestral.

El gran enemigo de la modernidad hoy en día es el populismo, que no busca regresar a ninguna parte sino tomar el poder dividiendo a la sociedad entre amigos y enemigos, entre buenos y malos, entre un pueblo noble y trabajador y una élite corrupta y explotadora. Su gran obstáculo es precisamente la modernidad, que acepta la deliberación, concibe el poder de los gobernantes limitado en el tiempo y en el espacio, respeta los derechos de las minorías y los derechos fundamentales. Ese populismo, que sueña con instaurar en nuestro suelo el poder absoluto de las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua, es el verdadero enemigo de la modernidad y de todos nosotros.

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Julio(66589)14 de octubre de 2021 - 02:05 a. m.
Y es que la economía de mercado es una verdad inmutable?
Eduardo(27278)12 de octubre de 2021 - 08:45 a. m.
La modernidad implica la autonomía, la autorresponsabilidad, el libre calculo, pero si no se aceptan ni la eutanasia, la muerte digna, el aborto sin limitaciones, la protesta pacifica, el matrimonio y la adopción homosexual, el consumo mínimo, de que modernidad habla; con democracia restringida y tomada por una minoría, de que modernidad habla. De cual libre mercado, el de los monopolios.
Eduardo(27278)12 de octubre de 2021 - 08:37 a. m.
su conclusión es equivocada, ello se debe a que, de cual modernidad se habla en Colombia, sin un capitalismo en el campo, a la presencia de relaciones casi feudales de producción en el campo, que hacen imposible esa modernidad; ahora el dominio absoluto de las ideas conservadoras en éste país, religiosas y patriarcales, hacen imposible la modernidad. Las ideas liberales fueron cercenadas.
Lorenzo(2045)12 de octubre de 2021 - 04:57 a. m.
La democracia incorpora dos dimensiones importantes: una práctica, relacionada con la participación incluyente de todos; y otra epistémica, asociada a la deliberación. No hay democracia auténtica si se excluye a priori a ciertos individuos o grupos; pero tampoco si, estando todos incluidos, no existe diálogo entre ellos. La tiranía, en el primer caso, es monárquica.. oligárquica; pero en el otro,
  • Lorenzo(2045)12 de octubre de 2021 - 05:02 a. m.
    ....es demagógica. El neoliberalismo lleva más de 40 años desvalijando el Erario. Los que se benefician de la especulación y su concomitante violencia son minoría: en teoría todos están "incluidos". La modernidad aquí citada no lo es= es la farsa de la POSMODERNIDAD= la otra cara del neoliberalismo. Es decir, el gran embuste, necesario -lo "cultural"- al que debe acudir la SECTA DE DESVALIJADORES.
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