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Casi sin excepción, los historiadores y científicos sociales, nacionales y extranjeros, están de acuerdo en que el Estado en Colombia ha sido muy débil y, en muchas partes del territorio, inexistente. En lo que no están de acuerdo es en el tipo de Estado que ha hecho falta. Para sectores inspirados en el marxismo y en el populismo, en Colombia ha hecho falta un Estado más involucrado en la economía, como productor de bienes y servicios. Muchos lamentan que Colombia no haya seguido el camino emprendido por Perón, o por el positivismo brasileño, o por el PRI mexicano, y los más extremistas deploran que Colombia no haya seguido el camino de Cuba, o el del socialismo de Hugo Chávez.
Hay otro grupo, quizá menos vociferante, en el que me encuentro, de inspiración republicana y liberal, que cree que lo que ha hecho falta es un Estado proveedor de bienes públicos como seguridad física, seguridad legal o salud y educación de calidad. Así, se argumenta que lo que ha hecho falta es una buena administración de justicia o un cabal monopolio de la fuerza legítima sobre todo el territorio. En este enfoque, el papel del Estado en la economía es importante, pero no como productor, sino como regulador y como supervisor.
El primer grupo concibe la sociedad como una batalla entre unas élites dueñas de los medios de producción y un pueblo explotado y a su servicio. Por eso el Estado debe, o tomar el control total de los medios de producción, o gravar con altos impuestos la actividad económica. Bajo esta visión, la economía es un juego de suma cero, una lucha irreconciliable en la cual lo que unos ganan lo pierden otros. Como consecuencia, bajo esta visión, o se elimina, o se ve con sospecha a las empresas privadas y a la economía de mercado.
En la visión liberal y republicana, por el contrario, es posible la cooperación y el mejoramiento de todos los miembros de la sociedad. La economía es un juego de suma positiva, que está en capacidad de elevar el nivel y la calidad de vida de todos los sectores sociales y en donde el mercado y el emprendimiento juegan un papel central. Este enfoque enfatiza la complementariedad entre el Estado y la actividad económica generada por el sector privado. Porque cuanto mayor es el ingreso y la riqueza, mayores son los recaudos que tiene el Estado para su provisión de bienes públicos, incluyendo la protección de las personas con discapacidad, la calidad de la educación y la salud. No es por otra razón que los países con las más sólidas economías de mercado, como los del norte de Europa, cuentan con los mejores sistemas de seguridad social. En el otro extremo, la pauperización de Venezuela ejemplariza el fracaso completo del modelo estatista y anti sector privado.
El Estado se fortaleció muchísimo en la primera década del siglo XXI, cuando nuestras fuerzas armadas, que desde la Independencia habían tenido un tamaño muy reducido, alcanzaron un nivel de soldados por cada 100.000 habitantes similar al promedio de América Latina. En tanto debemos mantener dicho nivel, tenemos que mejorar la provisión de justicia, la calidad de la educación y la protección de las personas con discapacidad, entre otras tareas. Pero también debemos estimular la creación de más empresas, con más emprendedores, generando más y mejores empleos.
