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Gobierno y oposición

Santiago Montenegro

28 de marzo de 2011 - 01:00 a. m.

DURANTE LA PASADA CAMPAÑA ELECtoral, en una de mis columnas manifesté que el país necesitaba con urgencia un nuevo discurso político como paso indispensable para resolver los grandes problemas del país.

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Argumentaba que, en lugar de un discurso de crispación y polarización bajo un esquema de amigo-enemigo o de nosotros-ellos, Colombia necesitaba un discurso que uniera a los partidos políticos, a las regiones y a los sectores sociales; un discurso que convocara a todos; un discurso que reafirmara la separación de poderes como un elemento central de nuestra institucionalidad y prometiera que buscaría la armonía con las cortes, con los organismos de control y con el poder electoral; un discurso que uniera y no dividiera. Pero, muy especialmente, señalaba que necesitábamos un discurso que respetara a la oposición y a las minorías políticas y recordaba al presidente Alberto Lleras cuando afirmó que las minorías “no son un capricho o una testarudez, sino a veces la representación de lo que no está muerto en el pasado y, otras, la semilla ardorosa del porvenir”. Por eso, pedía respetuosamente a los candidatos que, de ser elegidos, se comprometieran a invitar a la oposición a consultas al Palacio de Nariño.

Es muy satisfactorio constatar que el gobierno del presidente Santos ha utilizado un nuevo discurso de respeto y de tolerancia con todos los sectores políticos y no cabe duda de que también tiene una actitud de colaboración y armonía con las cortes y los organismos de control. En este contexto, es especialmente significativa la invitación que hizo el pasado jueves 24 de marzo al Polo Democrático al Palacio de Nariño. Creo que los medios de comunicación y los analistas no han ponderado suficientemente la importancia simbólica que tuvo ese encuentro. Al invitar y recibir al Polo, la administración Santos está diciendo que, más allá de las diferencias políticas y de concepción de la sociedad y de la historia, la oposición forma parte consustancial de la democracia y es una actor, no sólo legítimo, sino crucial de las instituciones republicanas. Y que, como en todas las democracias maduras, en Colombia los jefes de Estado deben tener una relación constructiva con todos los partidos y movimientos políticos democráticos y con representación electoral.

Pero, más allá de su valor simbólico, la reunión también tuvo consecuencias importantes de mecánica política, pues el Polo Democrático decidió vincularse a la discusión de la Ley de Inteligencia y decidió volver a la negociación del Estatuto de la Oposición después de que el presidente se comprometió a objetar el llamado artículo canguro de la ley de reforma política que actualmente estudia la Corte Constitucional. Según el ministro del Interior, la opinión del Gobierno es que se tenga en cuenta, no sólo a los que votaron en la segunda ronda de la elección presidencial, sino también a los que votaron en las elecciones de alcaldes, gobernadores, diputados y concejales. Personalmente, creo que esta propuesta es aún insuficiente ya que el censo debe incluir a todos los que tienen cédula de ciudadanía.

Al salir, la presidenta del Polo, Clara López, dijo que el propósito de estas reuniones era “poder intercambiar ideas con respeto mutuo y ponernos de acuerdo en lo que requiere el interés nacional”. Desde el Gobierno, el presidente Santos está planteando que, parte de ese interés nacional, es también consultar a la oposición. Esa actitud merece el respaldo de todos los que creemos en la democracia liberal.

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