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Ideas y creencias

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Santiago Montenegro
08 de septiembre de 2014 - 03:00 a. m.
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En este año 2014 se está conmemorando el centenario de lo que se podría denominar el nacimiento intelectual o el bautizo público de José Ortega y Gasset.

 En 1914, el filósofo español publicó Meditaciones del Quijote, su primer libro, que, visto en perspectiva, marca el comienzo de su vasta, rica y controversial carrera intelectual y pública, que se extendió hasta su muerte en 1955.

Mi interés en Ortega tuvo un origen curioso y algo cómico, cuando era director del DNP, durante el gobierno de Uribe I. Como tenía que asistir a los debates del Congreso, en una de tantas sesiones larguísimas y tediosas, me senté al lado del senador Carlos Gaviria y, no recuerdo por qué razón, terminamos hablando del pensamiento de Ortega, de quien no había leído prácticamente nada.

Cuando nos volvimos a encontrar en el Senado, una semana después, el senador Gaviria me sorprendió con una lista de lecturas del filósofo, comenzando con el brillante ensayo El origen deportivo del estado. Por lo menos en una ocasión controvertimos en público sobre algún proyecto de ley, para sentarnos inmediatamente a seguir hablando de la Rebelión de las masas, de España invertebrada u otro ensayo que él me había recomendado. Muy pronto, ya tenía los primeros volúmenes de las obras completas, que editó Juan Pablo Fusi, y así, gracias a Gaviria, nació mi inacabado interés en el pensamiento del filósofo español.

No soy, por supuesto, experto en Ortega, pero si se me pidiera que recomiende solo uno de sus escritos, no duraría en señalar, por su relevancia permanente, su corto ensayo Ideas y creencias. Aparentemente iguales, para Ortega, estos conceptos son radicalmente diferentes. Las ideas, como las teorías científicas, los textos legales, las constituciones, las leyes o las obras de literatura, las apropiamos o las tomamos de fuera porque son pensamiento objetivo, externo a nosotros.

Las creencias, por el contrario, no son ideas que tenemos, sino son ideas que somos. En tanto las ideas se tienen y se sostienen, las creencias nos tienen y nos sostienen. Para Ortega, el ser humano es crédulo y en el estrato más profundo de su vida está constituido por creencias. Necesitamos las creencias para estar y para movernos por el mundo, de la misma forma que necesitamos las piernas para caminar, o las manos para tocar y coger las cosas.

Cuando caminamos, creemos que la tierra es firme. Cuando conducimos un automóvil y el semáforo está en verde, creemos que, para los otros, está en rojo y van a detenerse. Creemos en un Dios benevolente que nos protege y escucha nuestras súplicas, o en la Virgen del Carmen, protectora de los conductores, o en el padre nuestro Hugo Chávez que está en los cielos. Creemos que, al regresar a casa, estarán la esposa y los hijos esperándonos. Creemos en la lealtad de los amigos y de los familiares. Creemos en estas y en mil cosas más.

En el siglo XXI, el siglo de las tecnologías de la información y la innovación, se equivocan quienes piensan, ingenuamente, que el universo de las estructuras simbólicas del pensamiento ya sólo está poblado de razones y de ideas. Para bien o para mal, necesitamos la fe y las creencias para estar y para movernos por el mundo. Si no fuéramos crédulos, la vida sería no solo inviable, sino también intolerable.

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