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29 Nov 2021 - 5:30 a. m.

La falsificación de Bolívar

En uno de sus escritos más brillantes, Ideas y creencias, Ortega y Gasset argumenta que los humanos somos crédulos, seres que tenemos que suponer una cantidad de cosas para poder vivir, sin que necesariamente dichas creencias sean ideas científicas o lógicas. Por supuesto, somos también racionales y, gracias a la ciencia y a la tecnología, las generaciones actuales vivimos mucho mejor que las que nos precedieron, pero siempre seguiremos creyendo en dioses, eventos, situaciones y escenarios que nos generan ilusiones, esperanzas, miedos y temores de diferente naturaleza. “En tanto las ideas se tienen y se sostienen, las creencias nos tienen y nos sostienen”, dijo Ortega y Gasset. En un mundo tan complejo y cambiante, siempre tendremos la necesidad de ordenar y dar sentido al infinito número de percepciones que reciben nuestros sentidos con concepciones o códigos simbólicos, muchos de ellos creencias, que nos ayudan a abatir nuestros miedos y temores o a incrementar nuestras ilusiones y esperanzas.

Entre todas las dimensiones de la vida social, la política se alimenta de la credulidad de la gente no solo para interpretar el presente y prometer un mejor futuro, sino también para interpretar el pasado. A lo largo de su obra, Ortega y Gasset también argumentó que los seres humanos y las sociedades en que vivimos no tienen esencia sino historia. Y la historia de cada sociedad difiere de otras, en gran medida por la desigual composición de las matrices de ideas y creencias de su gente. A diferencia de México, en donde la Virgen de Guadalupe tiene el monopolio casi absoluto de las creencias religiosas; o de Colombia, en donde la diversidad regional es correspondida con una gran variedad de vírgenes y santos sin que ninguno sea hegemónico, en Venezuela las creencias teológicas han provenido de santos laicos, con un lugar especial para el hermano Gregorio y para los héroes de la Independencia, en donde Bolívar ejerce una hegemonía casi absoluta.

Hugo Chávez tuvo la gran habilidad de comprender el poder teológico de la figura y el pensamiento de Simón Bolívar para destruir la democracia y consolidar su régimen autocrático. En el magnífico libro El sueño de Bolívar y la manipulación bolivariana: falsificación de la historia e integración regional en América Latina ( Alianza, 2021), el historiador y científico político Carlos Malamud, investigador del Real Instituto Elcano de Madrid, ha desenmascarado la aberrante falsificación del pensamiento de Simón Bolívar con el fin de consolidar el proyecto político que condujo a la actual dictadura de Venezuela. Paso a paso, Malamud desvirtúa en forma sistemática la idea chavista de que en la Carta de Jamaica, en el Manifiesto de Cartagena o en el discurso ante el Congreso de Angostura, Bolívar planteó, más que la independencia de su país, la integración del continente a la que supuestamente se oponían el imperialismo norteamericano y las élites conservadoras de nuestros países.

El chavismo fue capaz, además, de extender estas falsificaciones más allá de las fronteras de Venezuela para justificar la creación de organismos como ALBA y UNASUR. En una época de crisis, en la que proliferan las creencias salvíficas del populismo, este libro es una advertencia para quienes defendemos la democracia representativa liberal sobre la necesidad responder activamente a estas falsificaciones de la historia con interpretaciones de historiadores profesionales, basadas en la evidencia empírica y la deliberación crítica y racional, como esta excelente contribución de Carlos Malamud.

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