18 Oct 2021 - 4:59 a. m.

Los nuevos premios nobel y Colombia

Los últimos Premios Nobel de Economía fueron otorgados a los profesores David Card, de la Universidad de California, Berkeley; a Joshua Angrist, del MIT, y a Guido Imbens, de la Universidad de Stanford, por aportes que han transformado los métodos empíricos para analizar y precisar las diferencias entre las correlaciones y las causalidades de diferentes fenómenos. ¿Qué es primero: el huevo o la gallina? Por ejemplo, una simple correlación entre calidad y años de educación de los niños y el nivel posterior del ingreso de los trabajadores no es suficiente para evaluar el impacto real del capital humano sobre los salarios. Para precisar dichos efectos, Angrist e Imbens argumentan que es necesario evaluar situaciones raras o peculiares que produzcan cambios exógenos en la calidad o en los años de educación, que luego pueden ser utilizados para identificar su efecto. Así, Angrist y un grupo de colegas analizaron los efectos del programa PACES, establecido en 1991, durante el gobierno de César Gaviria, que les dio becas parciales a unos 125.000 niños para estudiar en colegios privados. El estudio encontró que, tres años después, los acreedores de las becas tuvieron un desempeño significativamente mejor que aquellos que no las ganaron.

En otro trabajo, el profesor Angrist y la economista colombiana Adriana Kugler, hoy representante de los Estados Unidos en el directorio del Banco Mundial, estudiaron los efectos del incremento exógeno de los precios y los cultivos de coca en Colombia hacia 1994, después de que comenzó la interdicción del “puente aéreo” de la pasta de coca, que venía desde Perú y Bolivia a los laboratorios en nuestro país. Mientras la producción de coca cayó en Bolivia y Perú y se incrementó en Colombia, los autores encontraron que dicho cambio generó muy pocas ganancias económicas, en tanto se disparó la violencia en las zonas donde creció el área sembrada de coca. Los autores concluyen que estos resultados son consistentes con la visión según la cual la violencia en Colombia es alimentada por las oportunidades financieras que genera la coca y que la búsqueda de rentas de los combatientes limita las mejoras económicas de este negocio ilícito.

Por su parte, el profesor Card y Alan Krueger, quien murió en 2019 y de estar vivo habría sin duda también ganado el Nobel, analizaron el impacto de un incremento en el salario mínimo por hora sobre la industria de comida rápida en el estado de Nueva Jersey en 1992, un estudio que utilizó la parte este del vecino estado de Pensilvania como grupo de control. Los autores encontraron un mínimo efecto negativo sobre el empleo, un resultado que no es necesariamente extrapolable a otros contextos. Por ejemplo, mientras en un mercado laboral donde la informalidad es nula un mayor salario mínimo no tendría mayores efectos sobre el empleo, ¿qué beneficio podrían tener los 10 millones de colombianos que hoy en día ganan menos del salario mínimo, si este se incrementa en 10 %? La respuesta es simplemente ninguno y, por el contrario, habría seguramente aún más informalidad. Los aportes de los nuevos premios nobel son muy importantes para el avance de la economía como ciencia social, sobre todo para un país como Colombia, siempre y cuando tengamos en cuenta los contextos en los cuales se estudian los diferentes fenómenos. Lo que es bueno para Dinamarca no es necesariamente bueno para Cundinamarca.

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