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Un terremoto político

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Santiago Montenegro
26 de abril de 2010 - 03:17 a. m.
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DE CONFIRMARSE LAS TENDENCIAS que señalan las encuestas de opinión, el 6 de mayo del presenta año se puede producir el mayor terremoto político del Reino Unido en, quizá, un siglo.

Hasta hace pocas semanas, se daba por descontado que el Partido Conservador ganaría las elecciones y desplazaría al Partido Laborista, después de 13 años de ejercicio continuo en el poder. La única duda que existía era si la magnitud de la victoria conservadora sería suficiente para formar un gobierno de mayoría absoluta o uno de coalición. Un promedio de cinco encuestas realizadas al comenzar este año, daba a los conservadores un promedio de un 40% de la intención de voto, seguidos por los laboristas con un 29% y los demócratas liberales en un distante tercer lugar con un 17%. Después de dos debates televisivos, el cuadro cambió radicalmente, pues según el promedio de las cinco últimas encuestas, los demócratas liberales suben a un 28%, los conservadores siguen primeros, pero ahora con un 35% y los laboristas caen al tercer lugar con un 27%.

El pueblo británico parece estar muy desencantado con los políticos de los partidos tradicionales por los escándalos de los gastos del Parlamento, por la guerra de Irak y también por la crisis económica. Pero, por el lado positivo, la opinión pública está deslumbrada por el líder del Partido Liberal, Nick Clegg, quien ha demostrado unas cualidades de liderazgo sorprendentes aún frente al fogueado primer ministro Brown y al carismático jefe de los conservadores, David Cameron. Una figura joven, de 43 años, Clegg es un excelente orador, muy articulado, claro y consistente en sus argumentos. Es percibido como alguien nuevo, que no ha formado parte de la vieja política. Fue primero miembro del parlamento europeo, pero sólo en 2005 fue elegido a la Cámara de los Comunes y en 2007 ganó la jefatura de su partido. Estudió antropología y arqueología en Cambridge, tiene otros dos títulos de magíster y está casado con una española con quien tiene tres hijos, todos católicos, a diferencia de él quien ha dicho que no cree en dios. A la gente parece no importarle su confesión de que se ha acostado con unas treinta mujeres. Su agenda es la más verde entre todos los partidos y, consistente con su credo liberal, es un firme impulsor de las libertades civiles. Está en contra del uso exagerado de las cédulas de identificación o del DNA de las personas, y ha criticado los excesos de las medidas contra los terroristas. Pretende mayor libertad de los pacientes para escoger entre servicios de salud públicos y los ofrecidos por el sector privado.

Por primera vez en mucho tiempo, la gran fractura política entre los británicos no se está dando entre la derecha y la izquierda. En esta ocasión, la ruptura se está dando entre una clase política que se considera tradicional y otra que se percibe como nueva; entre la política de la componenda, de los comportamientos amañados y otra que se percibe como honesta y transparente. Este es un verdadero terremoto político porque sucede en uno de los países más tradicionalistas del mundo, que, con su monarquía, su nobleza y sus símbolos, “tiene el empeño en hacernos constar que su pasado, precisamente porque ha pasado, porque le ha pasado a él, sigue existiendo para él”, como dijo Ortega. Aunque no ganen, el ascenso de los demócratas liberales tiene pocos antecedentes, sería algo de una significación semejante a lo que fue la elección de Barack Obama como presidente de los Estados Unidos.

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