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En defensa de la ideología de género

Santiago Vargas Acebedo

29 de agosto de 2026 - 12:07 a. m.

Fue Marx quien nos enseñó que la ideología es, esencialmente, una forma socialmente producida de ver el mundo que nos hace tomar por naturales los fenómenos que son realmente construcciones culturales. Es decir, la ideología es la que nos hace confundir las ideas que tenemos de la realidad con la realidad misma. De manera que, al menos desde esta perspectiva, la ideología supone una ilusión, una distorsión de la realidad, una forma de esquizofrenia semántica.

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En la Ideología alemana, Marx también sugiere que las ideologías que en cada época son dominantes nunca son fortuitas ni accidentales, sino que siempre están atadas al poder. Es decir, el poder se reproduce a través de la ideología precisamente porque esta es capaz de convencernos de que las formas de dominación que prevalecen en cada época son naturales e inevitables. Pues bien, el género es una forma de ideología.

La distinción entre sexo y género es una de las más difusas en los debates acerca de la relación entre el cuerpo y la cultura. A grandes rasgos, el sexo se refiere a la morfología sexual de los cuerpos, mientras que el género se refiere a la interpretación que cada cultura hace de dicha morfología. Es decir, mientras que el sexo describe una condición corporal, el género denota una serie de normas, significados y expectativas sociales ⎯como fijar jerarquías entre los cuerpos, asumir un mayor o menor grado de sentimentalismo, presuponer que existen roles, dar por sentada la división social del trabajo o codificar formas de vestirse según el sexo, para nombrar tan solo algunos ejemplos. Por eso, Judith Butler insiste en que el género no es una esencia que se deriva del sexo anatómico, sino una identidad que se construye a través de la repetición de normas sociales que, con el tiempo, hacen que interpretaciones culturales de la feminidad y la masculinidad parezcan condiciones naturales.

Negar la distinción entre el sexo y el género ha sido, desde hace años, una de las principales banderas ideológicas de las nuevas derechas ⎯una negación equiparable a asumir que las interpretaciones culturales de los cuerpos realmente corresponden a la naturaleza. Significa asumir que las formas culturales de vestirse y de actuar, las relaciones jerárquicas y la división de roles entre los sexos son condiciones naturales; significa desconocer el rol que juegan los mecanismos de poder a la hora de fijar normas sociales según la morfología sexual de los cuerpos; significa igualar cultura con naturaleza, reducir las construcciones sociales a la biología, distorsionar la realidad para ajustarla a las ideas de la realidad; significa provocar una esquizofrenia colectiva. Peor aún, implica catalogar de ‘aberraciones’ los comportamientos que se distancian de las interpretaciones culturales dominantes de cada época, lo cual forja una relación jerárquica entre ‘natural’ y contra natura. Por eso, en el fondo, borrar la línea divisoria entre el sexo y el género es una embestida frontal contra los valores democráticos de igualdad y libertad. Y este es precisamente el complot de las nuevas derechas del que, ahora que están en el poder, no quieren que se hable en las aulas escolares.

Las nuevas derechas llevan ya más de una década acusando a la izquierda de promover la ideología de género en las aulas. Pero llevar la ideología de género a las aulas no significa más que fomentar el desarrollo de una capacidad crítica para que las niñas y los niños sean capaces de aprehender las interpretaciones culturales que existen sobre sus propios cuerpos; de separar la cultura de la naturaleza; de reconocer mandatos asignados a sus cuerpos como discursos a través de los cuales se reproduce el poder; de encaminarse hacia el libre desarrollo de la personalidad; de entender que las desviaciones de las interpretaciones culturales dominantes no son una aberración sino tan solo los cuerpos que respiran. Insistir en lo contrario es pretender mantener a las niñas y los niños en el oscurantismo, poseídos por la esquizofrenia de la ideología.

santiago.vargas.acebedo@gmail.com

Por Santiago Vargas Acebedo

Sociólogo y arquitecto que investiga la interacción entre la cultura y la política. Es candidato a doctorado en Sociología por la Universidad de Cambridge, tiene una maestría en Cultura y Sociedad de la London School of Economics y un pregrado en arquitectura de la Universidad de los Andes. Ha publicado ensayos, cuentos y columnas en medios.
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