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En defensa del derecho a la gestación subrogada

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Santiago Vargas Acebedo
05 de septiembre de 2026 - 05:05 a. m.
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Esta es una opinión difícil de defender porque reúne detractores en todas las orillas políticas. Además, soy consciente de que me generará tensiones con un movimiento social y político que me merece particular aprecio: el feminismo. Pero si defiendo esta opinión es solo porque creo que es lo correcto desde la perspectiva de la justicia social.

Hay, en este momento, un proyecto de ley en el Congreso, presentado por el representante conservador Luis Miguel López, que busca prohibir la maternidad subrogada en Colombia, el cual ha recibido el respaldo de prácticamente todos los partidos políticos. Sin embargo, semejante consenso no impide que el proyecto de ley riña con el principio de libertad que inspira a la democracia como forma gobierno.

En toda sociedad rige una forma particular de intercambio económico. Pero hasta en la más capitalista de las sociedades existen intercambios prohibidos ⎯algunos legitimante, como el tráfico de personas, y otros arbitrariamente, como las drogas. Es decir, todo sistema de intercambio económico está supeditado a un canon moral.

Teniendo en cuenta la subordinación de la economía a la moral, la legitimidad de toda forma de intercambio debe ser juzgada a la luz de una doctrina moral. Y en una sociedad democrática, esta doctrina no puede ser otra más que el principio de libertad. Según John Stuart Mill, el Estado solo puede coartar la libertad de un individuo para prevenir daños a terceros. En palabras de la Constitución colombiana: “Todas las personas tienen derecho al libre desarrollo de su personalidad sin más limitaciones que las que imponen los derechos de los demás”.

El argumento principal de quienes se oponen a formas de intercambio como el vientre subrogado o la prostitución es que el cuerpo no está a la venta; que el cuerpo, mejor dicho, no constituye una forma de intercambio legítima. Pero este discurso ignora que todo trabajo manual implica la transformación del cuerpo en una forma de intercambio. De manera que el criterio para excluir estas prácticas no es realmente el cuerpo. La principal diferencia del vientre subrogado y la prostitución con el trabajo manual es que estas son prácticas atravesadas por la sexualidad. Por eso, una de las razones para oponerse a estas prácticas es la internalización de un tabú alrededor de la sexualidad, reciclado por los siglos de los siglos.

Al contrario, si nos ceñimos estrictamente al principio de libertad, siempre y cuando sea con su consentimiento, una mujer está en su derecho a subrogar el vientre. Es cierto, como dice Marx, que las dinámicas de intercambio no son del todo libres cuando una de las partes está en una situación de vulnerabilidad. Pero existen muchos trabajos legales que casi nadie haría de no estar en una situación vulnerable. Y las personas son libres de escoger las formas de intercambio que les permitan salir de la vulnerabilidad, mientras no afecten derechos ajenos. Por supuesto, el Estado está en la obligación de garantizar que estas prácticas se desarrollen sin explotación. Pero la respuesta a la explotación no es negar la autonomía.

Peor aún, prohibir la subrogación del vientre de ninguna manera hará que la práctica desaparezca, sino que simplemente conseguirá trasladarla al mercado negro, lejos de los ojos del Estado, donde las mujeres están mucho más expuestas a la explotación ⎯una de las inevitables consecuencias del proyecto de ley. Al contrario, lo que debería ser el foco del proyecto de ley es asegurar garantías concretas para las madres subrogadas, como asesoría jurídica y psicológica, cobertura médica y formas de pago transparentes.

Muy probablemente se me acusará de ser un hombre procurando decidir sobre el cuerpo de las mujeres. Pero, en realidad, lo que pretendo es todo lo contrario: defender el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo. Es contradictorio defender el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo en casos como el aborto y sostener la tesis exactamente contraria en casos como el vientre subrogado.

santiago.vargas.acebedo@gmail.com

Santiago Vargas Acebedo

Por Santiago Vargas Acebedo

Sociólogo y arquitecto que investiga la interacción entre la cultura y la política. Es candidato a doctorado en Sociología por la Universidad de Cambridge, tiene una maestría en Cultura y Sociedad de la London School of Economics y un pregrado en arquitectura de la Universidad de los Andes. Ha publicado ensayos, cuentos y columnas en medios.
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