El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

¿Estamos realmente ante un nuevo orden mundial?

Santiago Vargas Acebedo

07 de febrero de 2026 - 12:03 a. m.

Empiezo esta columna pidiendo disculpas a los lectores. Desde la segunda llegada de Donald Trump al poder, se han publicado tantas columnas de opinión advirtiendo sobre la irrupción de un nuevo orden mundial que abordar el tema una vez más suena a poco más que a un trasnochado cliché. Pero si me tomo el atrevimiento de ocuparme de un cliché es solo porque creo que hay asuntos fundamentales que la discusión ha pasado por alto.

PUBLICIDAD

Quienes promueven la tesis del nuevo orden mundial suelen citar al menos tres hipótesis. Primero, alegan que el apetito expansionista de Trump ha puesto en jaque el orden mundial vigente desde 1945, que giraba en torno a la soberanía de los estados, el multilateralismo y el derecho internacional. Pero la verdad es que desde hace rato que Estados Unidos y las demás potencias desconocen la soberanía de otras naciones y se pasan por la faja el derecho internacional, a la vez que exigen a los demás países cumplirlo. En ese sentido, la única diferencia de Trump con sus antecesores es que el magnate, por lo menos, es sincero a la hora de desacatar las normas. Pero la sinceridad de Trump no es una condición suficiente para hablar de un nuevo orden mundial.

La segunda hipótesis alega que se ha dado un cambio en las alineaciones geopolíticas so pretexto de que Trump se ha acercado a Rusia y ha maltratado a los viejos y más fieles aliados del Tío Sam: la OTAN y la Unión Europea. Pero estas son alineaciones personales de Trump y no de Estados Unidos como nación, las cuales probablemente se revertirán en el momento en el que regresen los demócratas al poder. Por eso, los affairs geopolíticos de Trump tampoco son suficientes para constituir un nuevo orden mundial.

La tercera hipótesis que se cita con frecuencia es el sacudón que los aranceles de Trump le han dado al régimen laissez-faire del comercio internacional. Pero TACO Trump⎯como el magnate es conocido en Wall Street por la siglas Trump Always Chickens Out⎯ha dejado claro que los aranceles son apenas un mecanismo para intimidar a otras naciones, más que un verdadero desplazamiento hacia un orden proteccionista del comercio internacional. Palabras más, palabras menos, para realmente hablar de un nuevo orden mundial tiene que haber condiciones mucho más estructurales que los efectos del mandato efímero de Trump.

Read more!

Hace casi 100 años, el jurista alemán Carl Schmitt provocó un sacudón en las esferas de la filosofía política con la publicación del libro El concepto de lo político, el cual, a grandes rasgos, sostiene que la relación más elemental de la política es la distinción entre amigo y enemigo. Es decir, para Schmitt, la política existe solo cuando surge una relación amigo/enemigo. Si trasladamos esto al plano geopolítico, significa que la características constitutiva de todo orden mundial es la hostilidad entre al menos dos adversarios. Por ejemplo, a la era inmediatamente anterior a la Primera Guerra la definió el antagonismo entre el imperialismo y el republicanismo, al período entreguerras, la rivalidad entre el liberalismo y el fascismo y a la Guerra Fría, el enfrentamiento entre capitalismo y comunismo. Todo esto para decir que el primer paso para dar con las condiciones de un nuevo orden mundial es identificar la relación amigo/enemigo que actualmente impera.

Read more!

En contraste con el pasado reciente, hoy la geopolítica está menos marcada por la rivalidad entre naciones que por el conflicto entre facciones al interior de las naciones democráticas. Incluso, existen numerosas alianzas internacionales entre facciones con inclinaciones ideológicas similares, como el bromance vigente entre MAGA y los partidos de ultraderecha en Europa y Latinoamérica. De manera que lo que realmente caracteriza al nuevo orden mundial es la nacionalización de la relación amigo/enemigo. Esta es una realidad que trasciende el transitorio paso de Trump por el poder. Tanto así que, de esta realidad, Trump no es la causa sino solo el efecto.

santiago.vargas.acebedo@gmail.com

Por Santiago Vargas Acebedo

Sociólogo y arquitecto que investiga la interacción entre la cultura y la política. Es candidato a doctorado en Sociología por la Universidad de Cambridge, tiene una maestría en Cultura y Sociedad de la London School of Economics y un pregrado en arquitectura de la Universidad de los Andes. Ha publicado ensayos, cuentos y columnas en medios.
Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.