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La ideología según Oviedo y compañía

Santiago Vargas Acebedo

23 de mayo de 2026 - 12:36 p. m.

“La postura que defienden Oviedo, Orbán, Trump, Bolsonaro parte de la concepción del crecimiento como un fin en sí mismo”: Santiago Vargas
Foto: El Espectador - Terumoto Fukuda
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Circula, desde hace poco, un video en el que Juan Daniel Oviedo, fórmula vicepresidencial de Paloma Valencia, dice: “Vamos a sacar hasta la última piedra de carbón que tengamos en este país; y no solo de carbón, sino de oro, de cobre, de petróleo, de gas, de minerales…” En otro video publicado recientemente, Oviedo acusa de “ideologización” a quienes defienden el punto de vista contrario en materia ambiental. Palabras más, palabras menos, para Oviedo, quienes se oponen a explotar hasta el último recurso del subsuelo colombiano están presos por la ideología.

Le debemos a Hegel, y luego a Marx, el que hoy entendamos la ideología en estos términos, es decir, como una falsa conciencia, como una forma de ceguera metafísica que le impide ver al ‘ideologizado’ la realidad en condiciones racionales. De manera que la acusación de ideologización que lanza Oviedo contra sus detractores es una forma de equiparar la oposición a la explotación de los recursos naturales hasta la última gota con una distorsión de la realidad. Y esto es precisamente lo que resulta tan moralmente preocupante.

Oviedo, por supuesto, no es el primer político en acusar de ideologizados a quienes se toman en serio la crisis climática. Viktor Orbán, el ex primer ministro de Hungría y uno de los principales íconos de Donald Trump, se la pasó señalando a los partidos verdes y socialdemócratas de la Unión Europea, a quienes se refería como “la élite de Bruselas”, de estar “ideologizados” por promover una ambiciosa agenda climática. Las acusaciones de Orbán y de Oviedo tienen mucho en común con la costumbre de mandatarios como Trump o Bolsonaro de rotular de “radicales climáticos” o “extremistas ambientales” a quienes insisten en la necesidad de ponerle límites al crecimiento económico en favor de la protección del medio ambiente. Todas estas acusaciones nacen con el mismo propósito: vender, ante la opinión pública, una versión de quienes prenden las alarmas de la crisis climática como lunáticos poseídos por la ideología.

A la larga, la postura que defienden Oviedo, Orbán, Trump, Bolsonaro y compañía parte de la concepción del crecimiento económico como un fin en sí mismo, es decir, como un objetivo en favor del cual el calentamiento global, las olas de calor, las sequías, el colapso de los ecosistemas y los desplazamientos masivos son vistos como poco más que daños colaterales. Como dice el propio Trump: Drill, baby, drill! Pero, como ya están cansadas de demostrarnos las distintas ramas de la ciencia, la principal culpable del apocalipsis ambiental en el que nos sumergimos a nosotros mismos es precisamente la concepción del crecimiento económico en estos términos. Por eso, quienes están presos por una falsa conciencia son ellos: una falsa conciencia que distorsiona la percepción de realidad hasta el punto en el que les impide ver a la naturaleza como nada distinto a un recurso en favor de la explotación económica. De manera que la acusación de ideologización la lanzan, en realidad, frente a un espejo.

Con todo y eso, la verdad es que resulta difícil creer que Oviedo y los demás no estén al tanto de que nuestra propia destrucción está prácticamente garantizada si seguimos por el camino del desarrollo económico compulsivo. Quizás tras la ideología de la compulsión yace, en secreto, un sentimiento autodestructivo, eso que Freud llama un deseo de muerte.

Mientras tanto, la campaña en la que Oviedo funge como fórmula vicepresidencial promueve una agenda económica que incluye, según reportes de La Silla Vacía, modificaciones del licenciamiento ambiental, acotaciones de la consulta previa y la adopción categórica del fracking. Estas tres medidas, en últimas, le apuntan a lo mismo: desmantelar las barreras que impiden que el crecimiento económico se lleve por delante a los ecosistemas y a las comunidades más vulnerables que los habitan. Por eso, es necesario valerse de todos los medios democráticos posibles para impedir que agendas semejantes lleguen al poder.

santiago.vargas.acebedo@gmail.com

Por Santiago Vargas Acebedo

Sociólogo y arquitecto que investiga la interacción entre la cultura y la política. Es candidato a doctorado en Sociología por la Universidad de Cambridge, tiene una maestría en Cultura y Sociedad de la London School of Economics y un pregrado en arquitectura de la Universidad de los Andes. Ha publicado ensayos, cuentos y columnas en medios.
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