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¿Por qué está tan fuerte la izquierda?

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Santiago Vargas Acebedo
02 de mayo de 2026 - 05:09 a. m.
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Hace un año, parecía impensable que, tras estrenarse en el poder, la izquierda tuviera alguna posibilidad de reelegirse. La desaprobación del presidente prácticamente duplicaba la aprobación, había escasos logros por mostrar y la imagen que el gobierno proyectaba en la opinión pública era de frivolidad y despelote. Tanto así que, precisamente porque Petro parecía tan fácil de derrotar, en la derecha surgió una amplia gama de inverosímiles candidatos que aseguraban ser los líderes de la oposición y los contendores idóneos para enfrentar a la izquierda ⎯desde una presentadora de noticias hasta el abogado de la mafia. Colombia es realmente una mala adaptación de una telenovela negra italiana.

Pero, este año, la historia tomó un rumbo inesperado. La popularidad de Petro remontó a niveles nada despreciables, la izquierda aparece imbatible en todas las encuestas y hasta estamos hablando de la posibilidad de que el candidato del oficialismo gane en primera vuelta. ¿Cómo llegamos hasta acá?

Para empezar, Petro ha sacado adelante una serie de proyectos que han beneficiado directamente a los hogares más pobres del país. Programas de subsidios como Renta Ciudadana, Renta Joven, Jóvenes en Paz y Colombia Mayor, algunos creados y otros potenciados por el actual gobierno, le han transferido considerables sumas de recursos a personas provenientes de las clases sociales para las que Petro prometió gobernar. Petro es también el presidente que, desde Carlos Lleras, mayor impulso le ha dado a la reforma agraria, con más de dos millones de hectáreas gestionadas. Más aún, la reforma laboral y el aumento del salario mínimo ⎯por mucho que su conveniencia sea motivo de debate⎯ se tradujeron en aumentos salariales reales para millones de personas. Y cabe también añadir que la pobreza multidimensional y el desempleo están en mínimos históricos.

Otro de los grandes aciertos de Petro que explican su resiliencia electoral ha sido la más que justa inclusión política de sectores históricamente marginados del poder, como grupos indígenas, afrocolombianos, campesinos, obreros y sindicatos. Dicho de otro modo, Petro articuló y potenció eso que en sociología se conoce como los movimientos sociales ⎯algo similar a lo que hizo Roosvelt en Estados Unidos a mediados del siglo XX. Charles Tilly, el gran teórico de los movimientos sociales, sugiere que estos normalmente emergen como respuesta a un conflicto entre el establecimiento y sectores marginados del poder ⎯es decir, entre quienes ostentan el poder y quienes lo reclaman. De manera que lo que consiguió Petro al dinamizar el rol de los movimientos sociales fue, como ningún otro presidente en la historia reciente, convertir a los marginados en el sujeto por excelencia de la política. Paralelamente, durante estas elecciones, la izquierda ha demostrado una disciplina partidista y una organización electoral, de las cuales los demás sectores políticos deberían estar tomando nota.

Por supuesto, el proyecto político del presidente está todo menos libre de pecado. Y algunos de esos pecados también explican su favorable situación electoral. Hoy, el Pacto Histórico cuenta con una estructura política y clientelar semejante a la de cualquiera de los oxidados partidos tradicionales. Mejor dicho, el discurso de la izquierda redentora contra el clientelismo es, por desgracia, cosa del pasado. Hoy, la realidad es que el clientelismo está disperso a lo largo de todo el espectro político. Más encima, Petro ha demostrado particular destreza al desplegar la versión posmoderna del clientelismo: influencers dedicados a amplificar mensajes y contradecir opositores. Por último, el lamentable uso proselitista que el oficialismo le ha dado a los medios públicos también le ha servido a Petro para controlar narrativas en la discusión pública.

De modo que el inesperado remonte electoral de la izquierda en el último año obedece a una combinación de redención popular, disciplina partidista y estructura clientelar, lo cual ha dotado a la izquierda tanto de voto de opinión como de maquinaria política. La agridulce moraleja es que parece cada vez más imposible llegar al poder, y aún menos ejercerlo, sin contar con ambos.

santiago.vargas.acebedo@gmail.com

Santiago Vargas Acebedo

Por Santiago Vargas Acebedo

Sociólogo y arquitecto que investiga la interacción entre la cultura y la política. Es candidato a doctorado en Sociología por la Universidad de Cambridge, tiene una maestría en Cultura y Sociedad de la London School of Economics y un pregrado en arquitectura de la Universidad de los Andes. Ha publicado ensayos, cuentos y columnas en medios.
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