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¿Quién le teme a Iván Cepeda?

Santiago Vargas Acebedo

24 de enero de 2026 - 12:05 a. m.
"Sobre Cepeda, yo añadiría: nadie me da más confianza para llevar las riendas de la polis que los filósofos" - Santiago Vargas
Foto: Óscar Pérez

En el 81, García Márquez escribió una columna en El País titulada ‘¿Quién le teme a López Michelsen?’. Para entonces, López ya había sido presidente una vez y tenía los ojos puestos en un segundo mandato, pero Belisario Betancur se la atravesó en el camino. Desde su primera candidatura con el MRL, López puso a temblar al establecimiento por razones que hoy nos parecerían lógica básica: la legalización del divorcio civil, irse en ristre contra el Frente Nacional, abrirle las puertas del poder a las mujeres y reforzar el pluralismo con la participación de la izquierda. En últimas, quienes estorban al establecimiento suelen estar del lado correcto de la historia.

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“Desde que tengo conciencia no recuerdo una candidatura que provocara de inmediato semejante polarización pasional”, dice García Márquez sobre López. Pero la verdad es que siempre han existido candidaturas que le quitan el sueño a las recelosas élites colombianas. Y, este año, el turno es para Iván Cepeda. Hoy, Cepeda es no solo la principal razón del insomnio del establecimiento sino también probablemente el leitmotiv en sus sesiones de psicoanálisis.

Alrededor de Cepeda hay un aparato industrial de teorías de la conspiración. Se le acusa de ser heredero de las FARC, de manipular testigos, de liderar una versión de la Revolución Bolivariana, entre muchas otros infundios. Hace poco, incluso, se le acusó de bolchevique por decir que “las líneas estratégicas del desarrollo económico de la Nación deberían ser manejados por el Estado”. Pero la verdad es que las líneas estratégicas de la economía las maneja el estado hasta en la nación más capitalista ⎯un incentivo tributario, por ejemplo, no es más que eso.

Acerca de la supuesta manipulación de testigos y de su relación con las FARC, ambas acusaciones fueron desestimadas por la Corte Suprema. Así que quienes las siguen creyendo es porque confían más en las cadenas de WhatsApp que en el sistema judicial. Aún peor parados quedan quienes acusan a Cepeda de pertenecer a las FARC por ser de izquierda. Son macartistas profesionales que criminalizan a la izquierda y, por eso, no se pueden llamar a sí mismos demócratas. Algo similar sucede con difamaciones como la que lanzó Rudolf Hommes, quien señaló a Cepeda, solo por ser de izquierda, de tener una visión autoritaria del estado. Pero al que se le notan rasgos autoritarios ⎯y falta de lectura⎯ es al exministro de Hacienda quien no reconoce la legitimidad de la izquierda, asumiendo que es sinónimo de autoritarismo.

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Cepeda tampoco podría representar una versión de izquierda más disímil al chavismo. El problema de la Revolución Bolivariana nunca fue que fuera de izquierda, sino más bien que forjó un régimen tiránico, vinculado al narcotráfico, y un aparato propagandístico destinado a ocultar la verdad. Pero si algo ha mostrado Cepeda es no solo su vocación democrática sino, sobre todo, su compromiso con la verdad.

Cepeda, como cualquier político, está lejos de ser un salvador providencial. Gane quien gane, en cuatro años, la mayoría de nuestros problemas ⎯como el dinosaurio de Monterroso⎯ seguirán acá. Pero, en Colombia, la izquierda se acaba de consolidar como una fuerza política que compite de manera regular por el poder, como pasa en todas las democracias del mundo. Y si lo que queremos es una izquierda democrática y deliberativa se me ocurren pocos como Cepeda. Faltaba más, con Cepeda se puede tener desacuerdos ⎯yo mismo los tengo. Pero ya es hora de que estos desacuerdos partan de hechos y no de la mitología que se promulga desde el Ubérrimo.

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Cierro con algo que dijo García Márquez sobre López: “Creo, por pura intuición poética, que tiene la inteligencia, la formación y la autoridad para encontrarle una solución política a la guerra civil larvada que padecemos todos, de ambos lados, y creo que puede promover un proceso de justicia social y recuperación democrática”. Sobre Cepeda, yo añadiría: nadie me da más confianza para llevar las riendas de la polis que los filósofos.

santiago.vargas.acebedo@gmail.com

Por Santiago Vargas Acebedo

Sociólogo y arquitecto que investiga la interacción entre la cultura y la política. Es candidato a doctorado en Sociología por la Universidad de Cambridge, tiene una maestría en Cultura y Sociedad de la London School of Economics y un pregrado en arquitectura de la Universidad de los Andes. Ha publicado ensayos, cuentos y columnas en medios.
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