Publicidad

Senador Cepeda, no ir a debates es irrespetuoso con el electorado

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Santiago Vargas Acebedo
18 de abril de 2026 - 05:05 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

No por casualidad, los debates políticos nacieron al mismo tiempo que la democracia: durante la Edad de Oro ateniense. A la larga, la democracia no es más que un sistema en el que los ciudadanos se gobiernan a sí mismos. Pero, para conciliar posturas, a los ciudadanos⎯discrepantes por su naturaleza babélica⎯no les queda más remedio que debatir. De ahí que el destino de la polis ateniense haya dependido ampliamente de lo persuasivos que resultaran los argumentos formulados en debates abiertos a todos los ciudadanos (una categoría que excluía a mujeres, esclavos y foráneos). Tanto así que los sofistas optaron por ganarse la vida enseñándole a los jóvenes aristócratas a adiestrar el arte de la persuasión.

Precisamente por eso, Platón arremetió contra los sofistas, acusándolos de habituar a los jóvenes atenienses a persuadir en lugar de a perseguir la verdad y la virtud. De hecho, en el Gorgias, Platón insiste en que existe un antagonismo irreconciliable entre el diálogo, el lenguaje óptimo para dar con verdades filosóficas, y la retórica, el lenguaje de los demagogos para convencer a las multitudes. Aristóteles fue mucho más cauto que su maestro a la hora de desechar la retórica. En su libro Retórica, Aristóteles no solo reconoce su legitimidad discursiva, sino que llega incluso a sistematizarla como método de persuasión. Más precisamente, plantea que existen tres modos principales de persuasión: ethos, pathos y logos. Ethos se refiere a la persuasión apelando al estatus del orador. Por ejemplo, invocar el estatus de experto de un orador suele ser motivo suficiente para convencer a la audiencia de sus afirmaciones. Pathos, por otro lado, alude a la persuasión a través de las emociones, como lo es acudir a la rabia, al miedo o a la compasión para convencer. Logos, por último, denota la persuasión por medio de la razón, es decir, valiéndose esencialmente de argumentos y evidencia.

Si bien Aristóteles no privilegia, al menos explícitamente, alguna de las tres, sí es cierto que la robustez de las democracias depende de que la razón (logos) funcione como mecanismo principal de persuasión. Fue Habermas quien nos enseñó, con su teoría de la acción comunicativa, que el ejercicio del poder democrático es legítimo solo si quienes están sujetos a él son capaces de aceptarlo a través de argumentos racionales que resultan de la deliberación pública. Es decir, la legitimidad de la democracia está condicionada a la comunicación racional entre ciudadanos.

Pues bien, si es que realmente pretendemos que, durante las temporadas electorales como en la que actualmente estamos inmersos, sea logos quien mande la parada en lugar de ethos o pathos, no nos queda más remedio que propiciar no menos sino muchos más debates entre candidatos. Más que una plataforma para exponer ideas, los debates son esencialmente espacios para que los candidatos impugnen las posturas ajenas y respondan a las objeciones de sus adversarios acerca de las propias. El propio Aristóteles insiste en que la solidez de las ideas está siempre atada a su capacidad de resistir a las réplicas.

Por todo lo anterior, senador Cepeda, me parece desafortunada su decisión de no asistir a debates en primera vuelta ⎯y lo digo como alguien que tiene pensado votar por usted. Poco me sorprendió cuando, en el pasado, candidatos como el expresidente Iván Duque o Rodolfo Hernández tomaron decisiones semejantes. Pero de usted, senador Cepeda, una persona que se ha caracterizado precisamente por la altura de los debates en el Congreso, esta decisión no solo me sorprende sino que me defrauda.

Cierro con algo que dice John Stuart Mill en Sobre la libertad: “Quien solo conoce su propia versión de este o aquel asunto, sabe poco de él. Sus razones pueden ser buenas, y puede que nadie haya sido capaz de refutarlas. Pero si es incapaz de refutar las razones del lado opuesto, si ni siquiera sabe cuáles son, no tiene fundamento para preferir una opinión sobre la otra...”

santiago.vargas.acebedo@gmail.com

Santiago Vargas Acebedo

Por Santiago Vargas Acebedo

Sociólogo y arquitecto que investiga la interacción entre la cultura y la política. Es candidato a doctorado en Sociología por la Universidad de Cambridge, tiene una maestría en Cultura y Sociedad de la London School of Economics y un pregrado en arquitectura de la Universidad de los Andes. Ha publicado ensayos, cuentos y columnas en medios.
Conoce más

 

mousike(55127)20 de abril de 2026 - 04:01 a. m.
O sea que vaya a “debates” a refutarle a la Paloma, a de la Espriella que no es guerrillero; que no hace parte de la segunda Marquetalia; que no mandó a matar a Uribe; que no quiere volver a Colombia como Cuba; que no va a acabar con los privados, etc. Lo que este columnista quiere es que Cepeda se preste para un “show” (a lo que claramente ha dicho que no) en el que, más que argumentos, solo haya emociones, gritos. El columnista quiere que le den pan y circo!
  • Olegario (51538)20 de abril de 2026 - 08:39 p. m.
    Je, je, lo tenaz es que el columnista es petrista y cepedista hasta la médula.
Nelson Castillo(11961)19 de abril de 2026 - 05:31 p. m.
Saldrán con sus ridículas paleticas de "si" y "no"?
Olegario (51538)19 de abril de 2026 - 06:01 a. m.
Jum! Hasta Vargas, un incondicional del señor Cepeda, (a quien le sentó bien el baño y el corte de cabello) se está desmontando por las orejas de la decisión de don Iván de no asistir a los debates. Dicen los petristas que el hombre no asiste a los debates porque lo van a insultar. Cualquier ciudadano desprevenido tiene derecho a saber cuál será la actitud del candidato frente a los grupos violentos (Farc en especial) dada su evidente cercanía y simpatía de vieja data con esos tipos.
GONZALO CARREÑO R.(02bph)19 de abril de 2026 - 02:18 a. m.
Excelente columna. Comparto plenamente.
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.