Las relaciones con los grandes poderes siempre son complejas y el presidente Petro está navegando esas aguas con destreza (aunque irónicamente hay cierta torpeza en las aguas latinoamericanas). Petro sigue el camino de Lula: apertura con todos los grandes buscando ventajas. Es razonable. Colombia en este momento está lejos de las preocupaciones más apremiantes de los dos grandes actores mundiales: Estados Unidos y China, así que jugar a varios bandos es una apuesta prudente que no conlleva grandes riesgos.
A esto se le suma que la visita a Estados Unidos se da en un excelente momento. Hay un gobierno demócrata que quiere competir con China para atraer a los países latinoamericanos despreciados durante el gobierno de Trump.
¿Pero qué tan efectivo va a ser este viaje? No desbocaría mis expectativas. Las mantendría ensilladas y con riendas, pues hay dos baldes de agua fría: las limitaciones partidarias y las estructurales.
Veamos las limitaciones partidarias. Casi todo depende de las elecciones presidenciales del próximo año. Si gana un candidato republicano, la visita fue en vano. El antagonismo entre ambos partidos, trágicamente, protagoniza el rumbo de Estados Unidos. Si Petro tuvo una buena relación con Biden, no es de extrañar que el Partido Republicano lo presente como una señal de debilidad por parte de los demócratas y el tono con la izquierda colombiana cambie. El presidente Petro obviamente lo debe saber y temer.
Veamos las limitaciones estructurales. Aunque un olor característico en las calles de Washington D. C. hoy en día sea el de la marihuana, creo que la necesaria e inevitable legalización de la cocaína aún está lejos. El gran vuelco histórico al conflicto armado colombiano, que tendría un efecto más poderoso que cualquier proceso de paz u ofensiva militar, depende de que Estados Unidos comience a legalizar la cocaína. No sucederá durante el gobierno Petro, seguro. Pero hay un elemento que podría cambiar la dinámica. La palabra mágica es “fentanilo”.
Es histórico que durante una reunión bilateral entre Estados Unidos y Colombia la figura más importante del partido de gobierno después del presidente, en este caso Nancy Pelosi, mencione una droga que poco se produce en Colombia en comparación con la cocaína. Quizás es una señal. ¿Podríamos ver en el temor al fentanilo la puerta hacia tolerar la cocaína? La esperanza es lejana, pero el indicio es importante.
Por último, la propuesta de reducir deuda pública a cambio de protección ambiental no es nueva, pero es crucial que Petro la priorice (hay que empujar el carro varado hasta que prenda). Con los demócratas tiene futuro, con los republicanos, que en buena medida niegan el cambio climático, no.
Ahora comparemos brevemente con China. Como ha dicho el multimillonario inversionista alemán Nicolas Berggruen, una ventaja que China tiene sobre Estados Unidos es que tiene una línea política más constante y coherente. ¿Cuál es el problema? Ninguno de los temas que Petro llevó a Estados Unidos podría llevarlos a China.
China no va a legalizar ninguna droga psicoactiva mientras gobierne el Partido Comunista. No es un problema que nos afecte porque la cantidad de cocaína que Colombia trafica hacia China es relativamente poca. Ahí murió el tema de la legalización con respecto a China.
¿Y por qué intuyo que China no va a otorgarnos ventajas económicas a cambio de nuestra protección ambiental de los bosques tropicales? Respondo con una escena que presencié. En 2016 o 2017, un funcionario del gobierno Santos llegó a la Embajada de Colombia en Beijing. Su misión era pedirle dinero al Gobierno chino, luego de que Colombia recogiera con éxito donaciones de países europeos y de América del Norte para proyectos relacionados con el proceso de paz. Era la hora de tocar la puerta de la segunda o primera economía mundial, pero el funcionario de Santos regresó con una mano adelante y otra atrás: China no dona dinero para ese tipo causas. China hace negocios.
¿Es un negocio para China pagarle a Colombia para que proteja el Amazonas? No. En lo absoluto. Si acaso su interés sería explotarlo.
¿Qué puede esperar entonces el presidente Petro de China? Eso mismo: negocios. Pero eso no es algo malo, es cuestión de encontrar los que nos convienen.