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11 Aug 2022 - 5:00 a. m.

Colombia sí podría terminar como Venezuela

El título de esta columna es uno de los símiles más despreciables y perezosos de los que incansablemente echan mano los opinadores de derecha. Hoy lo voy a defender, hasta cierto punto.

El motivo por el que tanto he insistido en los peligros de la política minero-energética de Gustavo Petro es que pone en riesgo los cimientos de la economía colombiana. Su política lo apuesta todo.

El nombramiento de la doctora Irene Vélez, una académica del más alto nivel en su campo, con una producción intelectual rigurosa y prolífica, es no obstante preocupante desde un punto de vista económico.

Un presidente, más que un solitario individuo que ejerce el poder según su voluntad estival u otoñal, como un trágico antihéroe garciamarquiano, es un nexo de intereses cruzados y en pugna. Durante un mandato ese nexo inicial, casi siempre conciliador, se va convirtiendo en una línea. Entre más dura el mandato, menos conciliación y diálogo, menos pugna programática y más pugna burocrática.

En este momento, entre las muchas líneas que integran el nexo, hay una línea pragmática, encarnada en ministros como José Antonio Ocampo y Alejandro Gaviria, y una línea más idealista de la que hace parte la ministra Vélez y otros activistas. Uno de los barómetros del pragmatismo de Petro será cuánto duran Ocampo y Gaviria en el gabinete.

No hablaré aquí de las dificultades que tendrá administrar la matriz energética con una ministra que no tiene el mismo conocimiento técnico de su antecesor. Para respetar el título de la columna, me centro en lo que nos pone en riesgo de “volvernos como Venezuela”: la mala administración del petróleo y el carbón, que son los dos productos sobre los que descansa nuestra macroeconomía y las finanzas nacionales.

Tengo entendido que Petro por lo pronto está confiando la administración de los combustibles fósil a la corriente pragmática, pero la pugna en torno a qué hacer con su explotación estará vigente durante todo su mandato. Las buenas intenciones de la corriente idealista nos pueden sumir en una devaluación sin precedentes.

La ruina de los ingresos por petróleo fue uno de los principales motivos por los que la economía venezolana se vino abajo tras la muerte de Hugo Chávez. En términos de exportación, Colombia es un país petrolero, carbonero, cocalero y poco más. Los siguientes productos son secundarios en comparación a lo que entra legal o ilegalmente por exportación de crudo, carbón y cocaína. Estoy de acuerdo con el presidente con que esta situación es anómala e indeseable, pero hay primero que diversificar, y cuando el petróleo y el carbón sean productos marginales de nuestra economía, se puede proceder a desestimar su importancia.

Eso no sucederá durante el mandato de Petro, y mucho menos con una reforma tributaria que desestimula la actividad empresarial. De hecho, eso podría no suceder en menos de una o dos décadas. Hay pocos proyectos más difíciles que diversificar una economía en un país con infraestructura e industria tan débiles. Para diversificar necesitamos estabilidad económica y recursos para infraestructura, que desafortunadamente descansan en buena medida sobre el petróleo y el carbón.

La crisis mundial de 2008 no nos tocó porque estábamos protegidos por el súperciclo de las materias primas. Ahora viene una recesión mundial, y el alto precio del dólar y la inflación sugieren que Colombia ya no está protegida. Estamos expuestos.

La guerra en Ucrania puede favorecernos por el aumento en la demanda de carbón en Europa, pero para que haya confianza en el carbón colombiano tiene que haber confianza en el Ministerio de Minas y Energía. Tristemente la demanda de petróleo en el mundo no baja ni bajará. El precio seguramente aumentará y eso puede favorecernos, de nuevo, si hay confianza en Ecopetrol y en el Ministerio de Minas y Energía.

Hacer estas advertencias es incómodo, y ojalá se entiendan como respetuosas, porque la corriente idealista y los activistas defienden principios del más alto valor, como la vida digna de las comunidades y el medio ambiente, que sin duda han sido pisoteados por el extractivismo. El gran reto está en cómo ser fiel a esos principios, como lo exige la Constitución y la ética, sin dejar la exploración y la explotación de combustibles fósil, que nos empujaría al abismo de una crisis económica. A nadie le conviene ese desenlace.

@santiagovillach

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