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Contra el voto en blanco

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Santiago Villa
26 de mayo de 2022 - 05:00 a. m.
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No sugiero que el voto en blanco deba eliminarse. Sin embargo, solo tiene relevancia en situaciones excepcionales. Si bien el voto en blanco es valioso como herramienta de sabotaje a elecciones en las que grupos de poder enquistados acorralan a los electores, como herramienta de expresión política personal es solipsista. Es un gesto de evasión, que en la mayoría de casos solo se emplea para proteger a una persona de la disonancia cognitiva que causa votar por alguien con quien se está en desacuerdo.

Gracias al voto en blanco, algunos cumplen con la responsabilidad de presentarse en las urnas, sin tener que comprometerse con lo que se supone se debe hacer en unas elecciones: elegir. Alguien que vota en blanco por estos motivos no difiere mucho de quien se abstiene de votar. La única diferencia es que madrugó y se desplazó a un puesto de votación: una actividad a la que se le confiere una importancia ética desproporcionada.

¿Pero cómo reconocer la diferencia entre un voto en blanco revolucionario, cuyo objetivo es llevar a la repetición de las elecciones con distintos candidatos, y un voto en blanco cómodo, acaso infantil, cuyo objetivo es proteger al elector de tener que elegir?

Hay que observar el ambiente previo a las elecciones. ¿Se percibe una insatisfacción con los candidatos que fácilmente podría superar al 50% del electorado? Si son candidatos que evidentemente no conectan con la gente, que se percibe son impulsados por maquinarias y el aceite del clientelismo, y no por los intereses democráticos de los ciudadanos, el voto en blanco es un arma poderosa.

Durante unas elecciones reñidas, en las que es evidente que alguien ganará, el voto en blanco es una posición cómoda, que en la práctica no se distingue de la abstención.

Si bien durante elecciones de décadas pasadas el peligro electoral eran los carteles del narcotráfico y los grupos armados, en estas es la desinstitucionalización. Militares participando en política. La Procuraduría suspendiendo a alcaldes. La pregunta abierta de si la Procuraduría también estaba dispuesta a suspender al Registrador. La amenaza de un golpe de Estado.

Una de las pocas cosas que podemos hacer los ciudadanos en este contexto es elegir. Seguramente ninguna de las opciones que tenemos en el tarjetón nos va a llevar a un escenario apocalíptico, pero unas resultan más deseables que otras. Por ahora, alguna habrá de ser atractiva para la mayoría de electores.

Lo más probable es que haya una segunda vuelta, que será todavía más tensa que el escenario actual, y la institucionalidad quedará aún más amenazada. Dentro del contexto actual, quien sea que quede es mejor que lo haga con un mandato claro. Dado ese escenario, el mismo mensaje aplica: votar en blanco es evadir la responsabilidad de elegir.

Twitter: @santiagovillach

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