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Del uribismo al abelardismo

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Santiago Villa
19 de junio de 2026 - 05:00 a. m.
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Cuando entrevisté a Abelardo de la Espriella en 2012, en su oficina de la Zona T de Bogotá, dos cosas me llamaron la atención: la primera, que las paredes de su oficina estaban decoradas con fotografías suyas publicadas en diversos medios de comunicación; y la segunda, que pidió que girara la pantalla LCD en la cámara de video en la que lo grabábamos, para que él pudiera ver el encuadre que hicimos de su figura y aprobarlo. Ha sido la única, en más de un centenar de personas que he entrevistado a lo largo de mi carrera, que ha hecho eso.

En ese entonces me recordó de cierta forma a Gustavo Petro, que cuando llegó como candidato presidencial a participar en un panel que organicé en el año 2010, cambió él mismo los rótulos de la mesa para ubicarse en el centro frente a la audiencia, antes que se sentaran los otros invitados.

Iván Cepeda, en cambio, me pareció casi monacal cuando lo entrevisté en 2014 en su despacho de la Cámara de Representantes. Me recibió en una oficina escueta, con amabilidad y profesionalismo. Mi objetivo era entrevistarlo sobre la minería de carbón, y ligar los conflictos sociales causados por esta industria extractiva con las dinámicas de comercialización internacionales del carbón. No fue tremendamente útil el material. Aunque tenía un profundo conocimiento de los abusos a los derechos humanos que se cometieron en torno a multinacionales como Drummond en Colombia, no quiso saltar a comentarios sobre las dinámicas transnacionales del carbón como commodity. No es el tipo de persona que se siente cómoda hablando de temas que no conoce. En el momento me pareció que era de los que, si no sabe, no inventa.

A Álvaro Uribe Vélez nunca lo he entrevistado, pero lo conocí en 2009 durante un evento protocolario en la Casa de Nariño. Estaba en el ápice de su influencia, en su territorio y en su salsa, y cuando entró a un salón donde había una fila de personas que iban a estrechar su mano, me llamó la atención el ritmo de su presencia. Llegó retrasado, que no es sorpresa en un presidente, y entró caminando de prisa; pero cuando llegó a la primera persona de la fila que esperaba su saludo, el afán de Uribe pasó sin transiciones a una atención generosa. A cada una en esa fila de unas treinta personas les preguntó el nombre, si no lo sabía, y buscó de dónde tener un breve intercambio antes de pasar a la siguiente. Entonces entendí de dónde el fervor por él.

Entre estas cuatro personas gravita buena parte de la vida política nacional. Petro dejará la Presidencia, pero seguirá influyendo en el Pacto Histórico, aunque quizás de forma menos minuciosa que Uribe con el Centro Democrático. Y las elecciones del domingo las ganará Cepeda o de la Espriella. Creo que es más probable que el ganador sea de la Espriella, pero así pierda, el gran sacudón de 2026 es su entrada a la política.

El uribismo está en su ocaso y lo está reemplazando el abelardismo, a causa del genio del márquetin que es de la Espriella, y de su descomunal talento para controlar su mensaje y dominar la presencia mediática. Incluso si Cepeda gana las elecciones, tendremos de la Espriella para rato, pues los incentivos y ayudas que el Estatuto de la Oposición otorga a quienes quedan de segundo en la contienda presidencial le darán un impulso similar al que recibió Petro después del 2018.

Al tiempo que la batalla jurídica de Cepeda contra Uribe entra en su cuarto asalto, si de la Espriella pierde será el líder de la oposición en el Senado, montándose en la victoria si la Corte Suprema de Justicia absuelve a Uribe, o liderando la indignación que suscite entre sus seguidores una condena. Las figuras uribistas y la derecha en general, debilitadas tras la derrota de Paloma Valencia, probablemente irán gravitando hacia de la Espriella, que posicionará su partido de derecha para las próximas elecciones parlamentarias, repitiendo el fenómeno del Pacto Histórico. Así que, si pierde en 2026, de la Espriella igual llegará a las presidenciales de 2030 con un partido fuerte y una candidatura bastante sólida.

Sea así, o por una victoria de Abelardo el domingo, creo que estamos ante la transición del uribismo al abelardismo.

Threads: @santiagovillach

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